martes, 13 de noviembre de 2018

Behobia-San Sebastián

He estado varios meses meditando sobre el asunto (lo de poner en marcha las recomendaciones del CEREMEDE) y hace unos días me dije: 
-Cuando llegue la Behobia me pongo con ello. 
Objetivo: perder 5 kg.
Diario de mi dieta. 

Día 1. Comienzo en 90’2 kg. Es viernes y acabo de llegar a Donosti para correr en la 54 edición de la B-SS. Apenas he bajado del coche, mis pies me llevan al interior de una Sociedad, un garito de esos en los que la comida no escasea precisamente. Allí dentro todos parecen pertenecer al jurado de Máster Chef. Tres horas después, al montar en el coche, me veo obligado a desabrochar el cinturón del pantalón. 

Día 2. Evito pasar cerca de una báscula. Hago un desayuno normal que consiste en un café con leche y unas galletas, amén de un trozo de roscón y unas tostadas con mantequilla y mermelada, eso sí, baja en azúcar. Juan me acerca hasta Irún para retirar mi dorsal y ya de vuelta, recogemos a María José y a Susana y nos vamos a trabajar la dieta. Nos llevan a una sidrería. No es temporada pero en Iparraguirre nos están esperando. Tres horas y un cuarto de kupela después, al montar en el coche, tengo que desabrochar el cinturón del pantalón, quitármelo y ponerme un chándal amplio. ¡Qué a gusto!



Para conocer un poco la ciudad nos fuimos hacia el puerto. A Pasajes. A San Juan. Allí descubrí que el Tripi tiene un hermano por afinidad cromática, la Sociedad de Remo Pasajes San Juan. En San Juan tienen mucho arraigo a sus colores y a su trainera; y mucha animadversión a sus oponentes: Pasajes San Pedro. Es como Oxford y Cambridge. Mejor dicho Oxford y Cambridge son como San Pedro y San Juan. Y ¿cuáles son los colores de San Juan? Eso es: Los del Tripi. Por las calles de San Juan se pueden ver edificios muy bonitos, calles muy estrechas y muchas pintadas. Pintadas de política, de presos, grafitis..., y lo más importante, las de ánimo a los Tripis que van a la B-SS. “Tripi, you’ll never run alone”. 

En Pasaia San Pedro no entré, pero solo con acercarme los perros me enseñaban los dientes. Creo que de haber entrado me hubieran dado con el remo hasta en el carné de identidad. De lejos vi una pintada: "Tourist you’re not wellcome". Tourist estaba tachado y con letras negras habían sobrescrito Tripis, así que me mantuve alejado. Alejado de San Pedro y de las básculas era un tipo feliz.

Día 3. Día de la carrera. Ahora sí, controlo el desayuno. De nuevo Juan me acerca hasta Irún, me da una patada con el coche en marcha en una rotonda tomada por la Chanchancha y desde allí me dirijo a la salida. Parece haber cerca de 4 millones de manifestantes según la organización. La Delegación  del Gobierno lo deja en 30.000. 
Los primeros en salir son los de las sillas de ruedas. Allí me quedo con la boca abierta. ¡Pues no vi a un participante sin una pierna, con unos patines en línea en la otra y unas muletas? ¡Discapacitado! ¡Los cojones! De las 30000 historias que llenaban la calle, me hubiera quedado con esa, sin duda. 
A continuación tomaron la salida los de los patines y después de ellos el grupo de los de las palmadas en la espalda. Dos minutos después lo hacía yo. Yo y otros 5000 del tercer cajón. Cuando quise pasar la alfombra de salida, habían pasado 3 minutos y aún no podía correr. Parecíamos usuarios de hipotecas yendo a presentar nuestro respetos al Tribunal Supremo, a pagar nuestros Actos Jurídicos. 

El recorrido no es de los de hacer tiempo y el mogollón tampoco ayuda. Eso sí, el público te apoya toooodo el trayecto. Subidas y bajadas se suceden continuamente. Tan pronto estás pensando mover brazos y zancada corta, como en alargarla y dejarse llevar.  Y la respiración. Muy importante. Todos los entrenadores que he tenido en todos los deportes que he practicado hacían hincapié en la importancia de la respiración: 
-Os quiero oír respirar- repetían una y otra vez. Todos menos uno. Éste era un tipo formado, regentaba un gimnasio y destacaba por participar en los campeonatos de culturismo. En el último que se celebró en Bilbao, después de prepararse durante 4 meses, tuvo la mala suerte de sufrir un compromiso inaplazable el mismo día que se anunciaba la realización de controles antidoping. Como digo, este entrenador no era partidario del "os quiero oír respirar". Su fórmula era un tanto más compleja y efectiva. Consistía en echar una mirada asesina y gritar: "-Sos quiero oír respirar". Joder si nos oía. 


Respirando, alargando y acortando zancada, los kilómetros se pasaban solos arropado por los miles de personas que alentaban la prueba. Cuanto más cerca de San Sebastián, mas gente nos animaba. Mi ritmo, más o menos constante, comenzó a parecerse a una parábola, pero no de las de la Biblia, sino de las que describe la sidra al salir de la kupela. El kilómetro 19, con la subida más ligera de todas, me dejó como la chuleta de Iparraguirre, con ganas de desabrocharme hasta la dentadura, pero llegó un amigo, un tipo de San Juan, con su camiseta rosa y tiró de mí al grito de "bogad, bogad".


Entré en meta contento con el tiempo, reflejo de lo entrenado, mientras un alemán se desplomaba en el suelo. Los alemanes suelen ser gentes muy cuadriculadas. A éste su mente cerrada le salvó la vida. Después de una parada cardio-respiratoria, con los servicios de emergencias temiéndose lo peor, algo le dijo: "-Godfrich, ve hacia la luz." Ni corto ni perezoso, el teutón se levantó en un alarde de respetar las normas y caminó hasta la oficina más cercana de Iberdrola, ante el asombro de los médicos.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Triatlón Relevos Mixto Pampliega

Un triatlón por relevos mixtos es una prueba en la que 4 triatletas forman un equipo en el cual reina la paridad de género. La prueba en sí, consiste en hacer un mini triatlón cada componente y dar el relevo al siguiente miembro del equipo para que éste complete de nuevo el recorrido. Y así los 4, al final sumamos el tiempo total y si quedan entre los 3 primeros les dan una pasta. No mucho, pero una pasta. 

Las distancias son tan cortas que esto hace que se vaya a tope desde que te pones el chip en el tobillo y que cuando montes en la bici se te haya esfumado la posibilidad de pillar pasta. 

Para presentaros a mis compañeros de equipo os diré, aunque no tenga mucho que ver, que soy un aficionado de los dulces. Siempre he creído que los abisinios alimentan el alma y que el tiramiSU SANA el espíritu. A mi pastelero de confianza le tengo los sábados y domingos loco con mis pedidos, pero durante la semANA RÍE LO suficiente para considerarse un hombre feliz, tanto, que pienso, que además de mucho dinero le DI EGO, mucho ego, durante estos últimos años. 

Nos reunimos en el puente de Pampliega una hora antes de la prueba. Y, como si fuéramos los miembros de una serie de superhéroes japonesa, haciendo un círculo y poniendo una mano en el centro Ana inició el ritual: 
-Yo pondré la técnica de mi natación.
-Pues yo la potencia de mi demoledora pedalada-ofreció Susana. 
En un tono más poético Diego exhortaba: -Pluguiera a los dioses admirar la velocidad de mi zancada. 
Yo, con la mano derecha sobre la del resto, sin saber qué ofrecer al equipo, tiré de tarifa plana: 
- ¡Vive dios y que caiga la cúpula celeste sobre nuestras cabezas, si no pongo al servicio del equipo mis megas. 
-¿Tus megas?-Preguntaron todos a una. 
- Coño, habrá que colgarlo en el Facebook. 



La zona donde se deja el material ha de tener una organización y una planificación muy compleja, fruto de no poca reflexión, para que los triatletas no se entorpezcan entre sí.  Para ello, se hacen los pasillos de compensación, los cuales evitan que el que sale con la bici atropelle al que viene de nadar, pero también provocan que los pobres triatletas se vuelvan locos analizando cómo tienen que hacer las transiciones: entras por el pasillo A, sales con la bici por el de tierra, entras con la bici por el de la moqueta azul y sales a correr por el C, pero antes debes tomar el pasillo de compensación para no arrollar a los últimos.  Conozco un triatleta que de tanto  estudiar los interiores de los boxes del IM de Niza (3000 participantes), se ha sacado un doctorado en crear Mercadonas. 

Con el mapa conseguimos salir del box, no sin antes poner una geolocalización en la bici, y nos fuimos a la salida. Allí Susana comenzaba la prueba en las gélidas aguas del Arlanzón. Fue meterse las primeras relevistas en el agua y comenzar a sonar una sintonía de Uy! Ay! Ah! Ahtití! que por un momento pensé en pirañas o en un intento de sacrificio colectivo. El resto de equipo hablábamos sobre la posibilidad de realizar el sector de natación en unas termas. 

Su, dio paso a Diego que previamente se había mojado el cuerpo como las abuelas en Benidorm. Debió de darle resultado porque no se oyó ninguna exclamación al zambullirse. En menos de 30’ apareció de nuevo entregando el chip a Ana. Ya solo quedaba yo. Tomé nota de la forma de proceder de Diego y mojé mis pies en el Arlanzón y con las manos salpicaba mi torso poniendo buena cara aunque por dentro recordaba todos los exabruptos que he aprendido a lo largo de mi vida y me preguntaba por qué. ¿Por qué me tengo que meter ahí dentro pudiendo estar en casa, tranquilo, forrando los libros del crío con una birra y unos cacahuetes?

Llegó Ana con la cara desencajada y ofreciéndome el chip. Estuve a punto de hacer como que se me caía al río y excusarme para evitar el chapuzón pero en un arrebato de locura transitoria incluso me tiré de cabeza. Tras medio segundo en el agua me vino a la mente una palabra: criogénesis. ¡Anda! ¡Qué si despierto dentro de 20 años y veo a Pablo Iglesias con una casa de 600.000 pavos y con gemelos! 



Pero la criogenización duró solo lo suficiente para perder tres puestos. 
Uno lo recuperé en los pasillos de compensación utilizando una de mis argucias: llevar directamente las zapatillas de correr en la bici usando pedales con punteras. 

En la bici fui fenomenal. Y antes de hacer el giro alcancé a otro rival. La fortuna hizo que justo en el adelantamiento topáramos con un tractor que me obligó a aminorar mucho la marcha y cuando me quise dar cuenta el rival iba plácidamente a mi rueda. Como yo era el último relevista y no veía a nadie en la lejanía a quien dar caza fui dejándome llevar para ver si el de atrás me daba un relevo. Bajé de 38 a 36; de 36 a 34; de 34 a 32; así hasta parar, pero nada, el rival se ocultaba detrás mío y hacía como que no existía. Yo me temía que al llegar a la transición echara a correr como alma que lleva el diablo y me dejara atrás. Así que decidí terminar la bicicleta de una forma plácida y sacudir con todo en la carrera. Le podría haber bajado 1 minuto a mi tiempo pero quizás esto me hubiera llevado a perder un puesto.  Apenas nos bajamos de las bicis y con éstas en la mano, el muy traidor me adelantó, pero, al llegar a un paso estrecho, de esos que en las películas solo hay espacio para un coche, me la jugué y tiré duro, consiguiendo que se estrellara contra el muro, hice una transición relámpago y al final conseguí sacarle 30 segundos. 



Era un joven triatleta, imagino que de las escuelas de triatlón, con una insultante juventud. A estos chavales da gusto verles cómo competen. Nadan perfecto, van a rueda perfecto y corren perfecto. Las escuelas están haciendo un buen trabajo. Por ponerles un pero, diría que fallan en una materia y ésta no es otra que la de los relevos. Se oye comentar por el box que la federación ha fichado a un profesor huido de una antigua república soviética. Debe ser éste el que da la materia del drafting. Con su enorme mostacho, tras el que se esconde un semblante despiadado, saca de la cabeza a los jóvenes alumnos las ganas de dar relevos para progresar en su carrera bajo la firme amenaza de una prolongada estancia en uno de sus secretos gulags. Y así, en las carreras, estos jóvenes, prefieren morir de inanición a dar un relevo.

Finalmente terminamos en undécima posición. Y como la temporada prácticamente está acabada os voy a dar un pequeño tutorial para guardar vuestros trajes de neopreno y que la temporada que viene estén perfectos. 

Suelo utilizar una técnica extraída de la región italiana del Piamonte, hábiles plegadores de reconocida talla internacional en doblar las sábanas bajeras. Si estiramos el neopreno como si fuera una sábana y lo dividimos en cuatro esquinas plegamos la esquina 1 sobre la 3 y la 2 con la 4. Obtenemos lo que se denomina el plegado matriz. De los dos vértices resultantes hacemos una bisectriz y lo multiplicamos por un coeficiente según el material de la prenda, lo adaptamos al índice de luz de la estancia y el resultado será más o menos un cajón de ropa de saldo de Zara después de las dos primeras horas de rebajas. A partir de ahí viene lo más fácil. Cogemos la prenda resultante, hacemos con ella una pelota como buenamente podamos, nos tranquilizamos haciendo profundas respiraciones, contamos 40 Misisipis y .... al armario. El año que viene... Dios dirá. 

Nada más, en nuestro próximo trinconsejo os enseñaremos a doblar el tritraje. Solo necesitaremos una tablilla, una superficie plana y 25 mg de Tranquimazin, 1 g de Valium y Xeroquel 400 mg. 

lunes, 13 de agosto de 2018

Desafío Castilla y León.

Este fin de semana ha sido la V edición de esta prueba que ya está catalogada entre las 5 más grandes del panorama internacional. Triatletas de la talla de Bruno Fernández, José Mª De Diego, Matías Misiego, Fernando Ortega, Miguel A. Blanco, Raúl Esteban, Javier Rollón, Rafael Becerro, Carlos Abril, Susana Velasco, Jesús Merino o Ignacio Muñoz, han cambiado sus agendas para poder asistir al evento. Entre las grandes ausencias cabe destacar la de Javi Gómez Noya que como lleva poco tiempo en la distancia aún no le ha cogido el ritmo y no ha obtenido plaza. 

Mi intención hace un mes era bajar de las 5 h.  Como veréis la cosa fue bien distinta. Todo se iba poniendo en mi contra. Hace 20 días un inoportuno esguince de tobillo me dejó muy dubitativo. Paré 5 días y luego comencé una rehabilitación exprés y autodidacta. 

Por las mañanas iba a primera hora al Lupa y allí esperaba a que la fila de la caja se llenara. Cuando había las suficientes personas para que se abriera otra caja me ponía alerta y a la voz de “pasen en orden por esta caja” intentaba ganar algún puesto. Los primeros días los perdía, pero poco a poco lo fui consiguiendo (siempre a costa de varones). Cuando me echaban del Lupa hacía lo mismo en el Dia Plaza, pero allí se mira mucho más el duro y tonterías hay las justas. Fue imposible ganar un puesto pero me vino bien. Conseguí fortalecer el tobillo. Fueron unos días muy duros pero ahora los recuerdo con mucho cariño. 

El día antes de la prueba me caía otro saco de cemento encima: Abrí el informe médico del Ceremede y, asombrado comprobé que tras una dura deliberación, la dirección médica me recomendaba ¡bajar 4 kg! ¿Cómo le explico yo todo esto a mi suegra? 
-Que si estás muy delgado; que si deja ya de correr tanto; que si hace mucho calor anda métete este cocido que te estás quedando en na....
Estuve toda la noche barruntando cómo afrontarlo. Ahora que tengo el apoyo institucional, con el peso que da la firma de un médico, igual puedo rechistar cuando me eche un par de cucharones más de toma anda que estás muy delgado. 

El día D llego al box y cuando voy a echar mano a la licencia de triatlón me encuentro con el carné de la piscina. Mecagontó. Para colmo no conozco a ninguno de los jueces que están por ahí. En el único soplo de buena suerte del día les acabo convenciendo de que hay un régimen de reciprocidad entre la federación de triatlón y las piscinas municipales y entro. 

Continúo. Me dan el dorsal 7. Mal asunto. La única vez que me ha gustado algo relacionado con este número fue cuando el Madrid ganó la 7ª y de eso hace ya más de 20 años. 

Me pongo el neopreno y, a pesar de darme vaselina por el cuello, en seguida noto que algo falla. Con las primeras brazadas lo confirmo: mañana tendré una quemadura en el cuello del copón. La manga del mono también ha quedado algo desajustada y parece que va a dar guerra. Hasta el chip de medir los tiempos que llevamos en el tobillo me estaba jodiendo. Asco de vida. 

Comenzamos los 1’9 km de natación. La salida, que es donde te las llevas por todos los sitios, hace que piense que el destino comienza a mirarme con otros ojos. Pero solo se estaba riendo de mí. Apenas he llegado al barco (150 mt) un animal aún sin catalogar me quita las gafas del golpe. Antes de la boya (250), otro de la misma especie me ha dejado sin gorro y, apenas he completado la primera vuelta (500), alguien que parecía querer poner a pre todos los agravios sufridos por sus cuatro últimas generaciones, me pegó tres hostias bien seguidas que me encendieron. Me paré y le di un empujón acompañado de un “pedazo de gilipollas” y el tipo, sin amilanarse un ápice, seguía con intenciones de ajustar su karma. Que lo vi en sus ojos detrás de las gafas polarizadas. Lo que hizo que le ignorara antes de que acabáramos los dos expulsados. 

Con estos antecedentes comencé a pensar y eso ralentiza mucho mi ritmo de nado por la falta de costumbre. Unas cosas llevaron a otras y acabé perdiendo en el agua más de cinco minutos con respecto a otros años pero, a cambio, encontré la fórmula para poner fin a la inmigración ilegal en las fronteras de Ceuta y Melilla sin que ni gobierno ni ONG’s se tiren los trastos a la cabeza. 

A saber: quito la carretera interna  existente por donde patrulla la Guardia Civil, la que está flanqueada por las famosas vallas. En su lugar hago un canal de agua y se lo cedo a las federaciones de triatlón correspondientes para que entrenen los triatletas. En una semana  os aseguro que todas las hordas de subsaharianos se vuelven acojonados a las vías italianas o a sus países de origen pidiendo que se vele por los DDHH. Y aquí viene lo mejor. Cuando las ONG’s quieran arremeter contra la brutalidad empleada por el estado y pidan que rueden cabezas oficiales, pondré en la rueda de prensa al Delegado del Gobierno  con la mejor de sus sonrisas y una nota de prensa entre sus manos para informar: “-Según los datos que me da la federación de triatlón de las ciudades autónomas ¡¡¡Aquínoentrenanadie!!!”. ¿Os suena, triatletas?   



Salgo del agua. Al quitarme el neopreno veo que mi cuello va a dar guerra. Me quito el chip y lo vuelvo a colocar con más cuidado. Da lo mismo. Me sigue rozando algo. Monto en la bici e intento recuperar algo del tiempo perdido en el agua. Los primeros 30 km me veo más o menos bien. Voy bebiendo y metiendo azúcar al cuerpo. En uno de los avituallamientos cambio el bidón vacío por uno lleno. Pero de nuevo el destino se ríe de mí. El agua de allí dentro debía estar llena de pájaros muertos porque sabia a rayos. No me atreví a dar más sorbos. 

Con todos los regalos que me había hecho el destino mi cabeza empezó a funcionar. Un diablillo me decía que cuando acabara los 90 kms de ciclismo hiciera los primeros 5 kms de carrera a pie y lo dejara. Yo me resistía pero el tío era muy convincente.  En la negociación fuimos llegando a una serie de acuerdos mientras yo seguía dando pedales. El muy capullo intuía que cada vez mi mente era más débil y regateaba con lo ya acordado. Los 5 k pactados, quedaron en 3, luego en dos. Mientras, yo seguía en la bici pero cada vez menos acoplado. Cuando empiezas a mover mucho la posición es por que la cosa no pinta bien. y yo no paraba de buscar postura tras postura. Ninguna me convencía.  

Pues al final, el acuerdo al que llegamos creo que fue bastante ventajoso para todos. Consistió en lo siguiente: Dejé la bici (a tomar por cleta la biciculo), me calcé las zapas de correr, me acerqué hasta Mister Chip y le dije: “-Marcos, ahí tienes el chip, a ver si los coges de terciopelo que me ha estado jodiendo toda la carrera. Mira como me ha dejado el tobillo”. 
Mientras él me preguntaba si abandonaba la carrera, le dije: "-¡Me voy al bar a por un helado que para sufrir ya están mis cuñadas!” Al principio pensé en un Calippo pero al ver la carta mandé al carajo esos cuatro kilos del Ceremede, me tiré al barro y pedí un Negritón. 

Puede que muchos deportistas acaben frustrados por un abandono, que necesiten consuelo o que sientan que se les ha quedado una espina clavada. Os puedo asegurar que yo era el triatleta más feliz de la prueba allí sentado dándole lametazos a mi Negritón, esperando a que el karma se igualara mientras veía pasar a un sin fin de compañeros con la cara desencajada por el esfuerzo. 



Y aquí acabó mi Desafío. Podría poner de excusa el esguince, calambres, pinchazos, etc., pero no. No me pasó nada. Estoy convencido de que la carrera a pie la hubiera aguantado perfectamente pero simplemente no iba. Era uno de esos días que sin saber porqué el cuerpo no responde, así que opté por lo práctico: helado. 

Bueno, pues hasta aquí puedo leer. Voy a ponerme un poco de aloe vera por el pescuezo y para equilibrar el universo y pagar los 21 kms de carrera a pie que le debo, acabo de inscribirme en la Behobia San Sebastián. A ver si mi suegra me deja llegar con 4 kg menos bajo la promesa de recuperarlos con el primer menú de sidrería que encuentre en la Bella Easo. 









lunes, 9 de julio de 2018

Triatlón Canal de Castilla

Primer triatlón del año. Como era aquí cerca, a unos 300 metros de mi casa, me animé. Mi semana anterior había sido muy relajada. Tan relajada que lo único que había entrenado era la natación, entre medusas, eso sí. Tenía, por tanto, ese plus que te da la temeridad. 

Nada más llegar a la zona 0 oigo que no se puede llevar el neopreno. Me quedé a cuadros. ¡Pero si el agua tiene que estar, por lo menos, a dos bajo cero! Recordé mis años mozos de instituto cuando me preguntaron por los tres estados del agua y muy serio respondí: "-Fría, templada y caliente". 

En fin, que llevé el neopreno a casa y entré en el box. 

Allí coincidí con dos sujetos que debían de trabajar en la misma empresa. Es más, uno de ellos parecía ser el jefe. Dirigía a su subordinado una disertación sobre el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo utilizando de ejemplo su espectacular bicicleta: 
"-¿Ves esta bici? Me costó más de 7000 euros. Si trabajas duro, si te sacrificas y rindes en tu puesto como el que más, puede que el año que viene, venga con una bici aún más cara".
  
Aparecen los primeros Tripis y comienza el ritual de todas las carreras: Yo apenas he entrenado; yo ayer llegué a las 3 de la mañana, menuda juerga; mi rodilla lleva tiempo sin estar todo lo fina que debiera...



Les administré pentotal sódico. Sin tener tiempo de reacción el primero confiesa que en los últimos 15 días ha hecho 18 entrenamientos de los cuales ocho son de calidad y en tres ocasiones ha doblado, su mujer está al borde de ponerle las maletas en la puerta y su hija está embarazada de un sin papeles. El segundo admite haber cenado una ensalada de quinoa con brotes de algas deshidratadas a las 21 horas y haberse acostado a las 23’05, que no había nada en la tele y estuvo leyendo apenas 10’ antes de quedarse dormido; el último no deja de presumir de que sus meniscos son la la envidia de la planta de traumatología y de que una vez en la mili le dieron por culo. 

Comenzamos en el agua. Otra vez con la sensación de quién me mandará. Primeras collejas, primeros agobios, primeros agarrones.  Con lo bien que nadaba yo hace unos días rodeado de pacíficas medusas. Escocían sí, pero respetando. No como estos cafres que esperan pacientes a que respires por el otro lado para arrearte con todo. 
Salgo del agua y tengo la bici a 10 metros. Si hubiera llevado neopreno no me hubiera dado tiempo a quitarlo. 

Apenas he bajado tres piñones cuando veo a un Tripi retirado por un pinchazo. Me recordó a un amigo que tiene la particularidad de ser la persona más gafe que he conocido. Tiene una mala suerte digna de admiración. En una ocasión fue a una corrida de toros y le dieron un balonazo, no os digo más. 

Me junto con otros dos compañeros y hacemos los 20 km a relevos con mucha fuerza. Hemos ganado muchas posiciones y adelantado a muchos corredores, entre ellos algún Tripi. Algunos creen que adelantar a uno de tu equipo es cuestión de vida o muerte, pero es mucho más importante que todo eso. 

Llego al último sector fundido pero todos vamos parecido. Creo que solo pierdo un par de puestos. Llego a meta en tierra de nadie. Sin posibilidad de adelantar ni de ser adelantado. Me sentí como aquel poeta egipcio: cocodrilo, sol, chacal, ojo, sol, toro, cocodrilo.  

Cuando fui a retirar el material del box  vi a un tipo con una bici naranja. Se veía a kilómetros.  Estaba montando un pollo a los jueces de tres pares de cojones porque le habían pintado en el cuadro “los niños tienen pene y las niñas vagina”. 

Ya fuera, nos esperaba un almuerzo de equipo en el que todos tendríamos la capacidad de demostrar nuestro potencial haciendo series muy largas, sin neopreno, sin rechistar. Cuantas más series mejor. 



Entre chorizo y tortilla nos enteramos de la gran carrera que estaban haciendo nuestros compañeros en Vitoria, sobretodo Nacho que estaba volando, hasta que la mala suerte se cruzó en su camino. Seguro que pronto te vemos de nuevo por el box.  

Y como por equipos quedamos los primeros os dejo con una pequeña encuesta, solo serán treinta segundos: 


¿Es el Tripi el mejor equipo del panorama nacional o por el contrario no hay nadie que le haga sombra?  

lunes, 30 de abril de 2018

Duatlón equipos Salamanca


Tercera prueba del año. En la primera la temperatura era bajo cero y en la segunda, al frío se le sumó el aire, muy fuerte. Con estos antecedentes mi gabinete de emergencia tomó medidas drásticas y en mi fuero, que es interno, se decidió no correr hasta que llegara un sol rotundo acompañado de manga corta. El viernes pasado salí a entrenar con la bici. Llevaba un maillot sin mangas y durante toda la tarde el sol me guiñaba un ojo. Me dije: ¿por qué no?  Así que el domingo tenía una cita en Salamanca: Duatlón por equipos, distancia sprint. 

Después de un buen madrugón llegamos hasta la capital del Tormes con lluvia, granizo, viento e incluso nieve en la sierra. ¡Tócate las pelotas! (valga el micromachismo, que no sé si lo es pero mejor no tentar la suerte).

Paraguas, chubasqueros, cortavientos, puestos de castañas, bufandas, representantes de Gas Natural, formaban parte del paisaje. Incluso en un generador de corriente a gasolina que daba electricidad a la zona de meta se le acercaron unos cuantos participantes recibiendo el calor desprendido por el escape. Por supuesto, eran Tripis. La junta directiva tiene que abrir expedientes disciplinarios y va a tener que poner en marcha un código deontológico ya. 

Otra vez que me pilla el toro (con perdón de los antitaurinos). Sólo llevo el mono de competición y un maillot de primavera por si acaso. Nando me presta una camiseta térmica y Luis unos guantes de poner tubos de riego para la bici (con perdón de los agricultores).

El club confeccionó dos equipos. En el primero iban los rápidos y en el segundo la junta directiva priorizó el rebote y metió un quinteto inicial (sexteto en este caso, con perdón de los matemáticos) que rozaba el 1’90. Solo nos faltaban Felipe Reyes y el Kaly. 

Éramos Félix, Diego, Álvaro, Adrián, el menda con sus guantes de poner tubos y luego Pablo. Pablo es un alma libre. Es la pluma que va de un lado para otro al inicio de Forrest Gump.  A la monotonía del grupo, al trabajo en equipo, al cuidar del resto, Pablo le mete su dosis de alegría, de espontaneidad, de anarquía. Tan pronto lo veías dándote una disertación sobre que no se puede volver a meter la pasta de dientes dentro del tubo como se paraba en la cuneta para comprobar si había pinchado. De repente cogía unos metros de ventaja bajando sentado en el cuadro de su bici en un descenso, como se quedaba rezagado diciendo que no podía más, eso sí, comiendo un plátano y contando un chiste: “-Con tanta lluvia tenemos que lavar la bici porque lo limpio es bueno. Me lo dijo Clean Is Good”. Mientras, todos nos pasamos la carrera dando “instrucciones” a Pablo, el alma libre.


Marcamos desde el inicio un suave ritmo encaminado a hacer la prueba como si fuera un entrenamiento tal y como estaba el clima. Lo importante era la salud, acabar sanos y salvos. En el giro nos hicimos análisis de sangre; en la primera vuelta una toma de la tensión; cuando llegamos a la colonoscopia coincidió, casualmente, con nuestro mejor ritmo (nos pusimos a 3’10 el mil) y no nos dio tiempo a realizarla; llegamos al box y pusimos en práctica una entrenada transición organizada. Los tres primeros debían adelantarse unos segundos e ir equipándose para dejar sitio a los tres siguientes y así no molestarnos.  El resultado fue bien distinto:

“-Merluzo, que te estás poniendo mis zapatillas.
-Deja de meterme el codo en el hocico, animal. 
-Ese no es mi codo, es tu casco, no ves que es de la talla 68 por lo menos, cabezabuque. Que lo has dejado en todo el medio. 
-Te estás llevando mi bici, copón.”

El tono de voz iba subiendo pero gracias a Dios llegó un juez que, con la cara perpleja, dio fin a la disputa. 

En la bici, después de que las primeras rampas nos hicieran olvidar el caos del box, el aire nos puso las cosas difíciles. Ponerte a rueda de un compañero era complicado. Salpicaba el agua como cuando abres el grifo del fregadero y el chorro se encuentra justo debajo con un cucharón que moja hasta las fundas del nórdico del vecino. 

En mi afán por ayudar a uno de los compañeros con un pequeño empujoncito casi me voy al suelo. Me vi tirado en el asfalto y me vino a la mente algo que leí una vez: “-Fierro que da al vidrio ¡ay del vidrio!  Vidrio que da al fierro ¡ay del vidrio!” No me caí y recordé lo hablado: “- Hay que acabar sanos y salvos”. Desde ese momento no he vuelto a tener contacto humano alguno. 

Casi al final del circuito empezamos a notar la presión de un equipo que nos estaba dando caza. El destino quiso que mi bici atravesara un bache que provocó que el inflador saltara y cayera al suelo. Instintivamente para evitar que los de atrás tuvieran algún percance grité: ¡BBOOOMMMBAAA!

Fue mano de santo. Al final, les sacamos de tiempo lo que viene siendo una publicidad de Antena 3. Creo que voy a invertir más horas en esta nueva I+D. Me va a dar ese plus que necesito, sobretodo en el agua. 

Volvimos al box de los hermanos Marx y un murmullo entre los jueces nos hizo comportarnos en esta ocasión como auténticos gentleman: 
“-Tú primero Félix. 
-Nunca antes que usted, Pablo.
-Insisto y no admitiré un no por respuesta, Diego.
- Mi educación me impide colgar la bici antes que la suya, Adrián.” 

Álvaro se negaba a ser el primero alegando que estábamos en su casa y éramos sus invitados. 

Entretanto, fueron pasando equipos y más equipos. Solo faltaba por adelantarnos el de la bomba que seguía cuerpo a tierra esperando a los TEDAX. 

Completamos el último sector dando “instrucciones” a Pablo para entrar todos juntos por el arco de meta, sanos y salvos. 


Después de una bonita mañana de deporte y de equipo fuimos a comer con nuestras parejas una buena paella a Castellanos de Moriscos (con perdón del pueblo musulmán) donde pudimos disfrutar de los triunfos de los nuestros: Carolina Marín con un nuevo campeonato de Europa. Rafa Nadal otra vez campeón en Barcelona. Carlos Sainz quinto y Alonso finisher. El Vrac y el Chami disputando otra final de la Copa del Rey. Los representantes españoles de Eurovisión entrevistados. Y, entre las risas de los periodistas, salta ella que se lleva en la maleta el libro “España de mierda”. Creo que ha habido un gran error con estos chicos. ¿Quién les da esos libros? Lo que tienen que leer es Bob Esponja y el helado de fresa; El trenecito Chu Chu; Verde Pasa, Rojo Espera. Cada cosa a su tiempo. Luego cuando tengan la mente un poco más avanzada (tampoco mucho, sólo como la mía), podrán leer, por ejemplo, un libro recién publicado que me ha encantado: “La Hez que aplastó a los Niñatos Hécticos ”. No quiero destripar la trama pero hay un capítulo tronchante que te sacará unas cuantas lágrimas de risa: El plató de eurovisión se llenó de aguacaca. Cuenta cómo los dos representantes españoles se suben al escenario después de haberse comido 8 euros de gominolas cada uno, más dos helados con sirope, más tres fresisuis y bla, bla, bla... (con perdón de la mesa)



Me voy alimpiar la bici por que Clean is Good.

martes, 27 de febrero de 2018

Duatlón Alba de Tormes

Mi intención para este pasado fin de semana no era otra que haber viajado a Galicia. Hubieran sido unos aburridos días pero no me habría importado hacer ese sacrificio. Me hubiera visto obligado a tomar espumosas cervezas o un vino blanco joven bien  fresquito al que te lo acompañan de tapas frías, calientes, tortilla y/o churrasco.  No siendo esto lo suficientemente inhumano me habría tenido que meter al cinto raciones y raciones de pulpo. Pobres cefalópodos vagando sin rumbo sin sus patitas. ¿Qué es un pulpo sin sus tentáculos? 

Pero.... el destino me llevó hasta Alba de Tormes para hacer un duatlón. De las dos modalidades yo escogí el largo porque me creía con el fondo suficiente que arrastro desde mi preparación en Numancia. Lo malo es que de Numancia han pasado ya dos semanas y no he hecho absolutamente nada de entrenamiento, salvo, claro está, el específico de avituallamiento. Con ese no me entra ni pereza, ni galbana, ni me lesiono; no me importa hacer series, ni intervalos; ni doblar mañana y tarde...


Para poner las cosas aún más difíciles, el miércoles, fui al gimnasio. Llevaba sin pisar por allí más de dos años y una vocecita me susurraba: “¿Cuánto hace que no ves un fantasma?”.  Así que decidí volver. Y si es poco recomendable hacer ejercicios de fuerza en semana de competición, si llevas dos años sin hacerlos, ni te cuento.



Fui al gym el miércoles pensando en coger fuerza para abrir las nécoras con soltura (hice sobretodo antebrazo y cuello), pero el plan divino me tenía reservado una plaza para competir. Me inscribí el jueves por que me veía bien, pero, oye, fue pagar  y me empezó a entrar un nosequé por las piernas... El viernes las tenía con unas agujetas del copón. El sábado muy pesadas. Y el domingo me levanté para ir hasta Alba como si tuviera dos columnas del Partenón. Esto no pinta bien, me decía. 

Para confirmar los malos augurios recojo el dorsal y me toca el 31. Mira por dónde, la edad en la que me maté hace ya 13 años (nótese que 31 y 13 juntos son palíndromos o capicúas). En la iglesia de Santa María. Toda una señal. Esto no puede ser bueno, me decía. 

Y para rematar y complicar más las cosas voy al vestuario y me encuentro con un duatleta del Ciudad de Lugo. Charlamos un rato y me dice que yo tengo pinta de ciclista y que él es un buen corredor; que podemos hacer un buen equipo. Pienso: “-Que Dios te conserve la vista, hijo, por que la intuición...”; pero lo que le digo es: “-Te has buscado un mal socio. Yo no voy ni corriendo ni en bici. Ahora si me buscas una buena pulpeira igual hacemos algo importante”.

Comienza la carrera con los primeros 10 kms. Sobre el 3 me cruzo (circuito de ida y vuelta) con otro corredor que debía tener la camiseta interior mal puesta porque le veía tocándose como intentando colocar algo por dentro. Y lo consiguió. ¡Vaya si lo consiguió! Unos tres segundos después de cruzarnos pegó tal fogonazo que en mi mente apareció: “-¡El rasca de la ONCE!”. Y no fue uno solo, debía de ser un corredor comprometido políticamente, y por aquello de la paridad, a continuación soltó otro. No sé qué género fue primero, si hombres, mujeres, o viceversa, pero le hicieron tronista. A partir de ahí comenzó a rodar a 3’30 el mil. Yo, asustado, le dejé marchar que ya está uno mayor para disgustos. 

En la transición no tengo ningún problema en encontrar la bici. Creo que solo quedaban 4. Allí están Nieves y Marcos Mr. Chip animando. Confío en recuperar posiciones y para ello cuelgo una foto en mi Facebook y escribo: “Ayúdame a recuperar posiciones. Sé que la mayoría no lo va a hacer pero si eres mi amigo de verdad di Amén”.  No debió contestar nadie. Vaya mierda de amigos de Facebook, me quedé igual. En la transición 2 me cuesta encontrar el hueco para mi bici porque están todas allí. Quito la entrada del Facebook mientras me acuerdo de las palabras del último dinosaurio que habitó el planeta. Estaba junto a su pareja contemplando el despejado firmamento de una noche de agosto  a la espera de una lluvia de Perseidas. Le habían despedido del trabajo, su hija quedó embarazada de un mamífero, su hijo fumaba helechos y su mujer se la pegaba con su mejor amigo. Una lágrima de San Lorenzo surcó la noche y su mujer le apresuró: “-Rápido. Pide un deseo”. Sus palabras marcaron nuestra historia: “-Que se mueran todos”.  

Comienzo a correr. Solo me quedan 5 kms. Veo a unos 200 mt un participante que parece que lleva un ritmo parecido al mío. Aprieto y me digo: “-A por él”. Dándolo todo le fui recortando hasta que, cuando ya lo tenía ahí, me di cuenta de que no era él, era ella. Ella era una señora del pueblo de unos 60 años, con una cazadora de colores (lo que hizo que me despistara) y para más inri ¡con muletas! Definitivamente ese no era mi día. Eso sí, le pasé fácil. Y no porque se parara a hablar con la Ezequiela.



Entré en meta muy tarde. Me duché con agua fría (se acabó la caliente). Fui a recoger la bici ¿al box? No. ¿Para qué? Directamente me acerqué a Objetos Perdidos. No quedaban ni Tripis

Llegué a casa con las piernas doloridas y me di un gel de esos tipo Vicks Vaporub para relajarlas. A los 30" empezó a sonar una canción de Manolo Tena que subía por mis tobillos hasta mis inglés brasileñas: “Estoy ardiendo y siento frío”. 

Me acordé de ese último dinosaurio y me quedé dormido: ¡Que se mueran todos!  

martes, 13 de febrero de 2018

Duatlón MD Numancia

El otro día estuve viendo Espartaco y me entró una mala leche que paqué. ¡Romanos! Total, que unas cosas llevaron a otras y acabé inscrito en el Duatlón de Media Distancia de Numancia. Para iniciar la temporada no está nada mal:  la semana más fría de todo el invierno, una distancia larga de narices, un viento previsto del copón y encima Campeonato de Castilla y León. 
Pero era necesario. Tanta inactividad me ha dejado triste. Como bien sabéis, uno de los aminoácidos esenciales incluidos en el código genético que se relaciona con la serotonina y, por ende, con la felicidad es el triptófano. Los científicos lo consideran  esencial, es decir, sólo se obtiene a través de la alimentación. Lo que no saben los científicos es que un isótopo del triptófano se puede metabolizar en un montón de pruebas deportivas, como por ejemplo, ésta de Numancia. A este isótopo se le conoce como tripi-tofano. Es mil veces más potente que su gemelo y más fácil de conseguir.
¿Tienes problemas para dormir? ¿Tu perro te ladra? ¿Todo te male sal? Alístate en el Tripi. Disfruta de dosis gratuitas de Tripitófano. Prueba nuestro fluido rosa.

Hasta Numancia nos fuimos Nando, Luis y yo en la flamante auto caravana nueva de Luis que tiene de todo. ¡Hasta volante! ¿Estás sucio? Ducha. ¿Tienes hambre? Frigo. ¿Tienes sueño? Cama. ¿Un apretón? Tigre. ¿Camboya? Nando.
Cuando llegamos (la tarde anterior a la prueba), no había ni romanos. Así que decidimos hacer la charla técnica de la carrera. Luis nos invitó a pasar a la sala de reuniones: puerta del copiloto a la izquierda. Allí urdimos cómo sabotear a los sorianos del Deporama para poder proclamarnos campeones de Castilla y León por equipos. Estaba todo perfectamente planificado, no había lugar al error:  nos meteríamos en la web de la federación y cambiaríamos  el domicilio fiscal del Deporama a Tabarnia. Pero llegaron Kaly y Nana y se opusieron vehementemente a que se vulnerara la ley. Hablaban de la honradez, los valores del deporte, del sacrificio, la abnegación, etcétera. Tuvimos que encerrarles en la sala Luisdemont (maletero al fondo y a la derecha) para seguir con nuestro plan.
Llegó la hora de la cena y Luis nos llevó hasta el comedor Carlos III, junto al depósito de gasolina. Cuando nos vimos obligados a desaflojar dos puntos el cinturón consideramos que era la hora de ir hasta el aula de audiovisuales para ver la final de fútbol sala en la pantalla gigante.
Mientras nos acomodábamos, Nando salió fuera a buscar un sitio tranquilo (ejemplo claro de eufemismo). Volvió con un par de kilos menos y una sonrisa en la cara. Al día siguiente vimos el cuerpo del delito en un solar cercano y una pintada: Aquí cagué yo”. Cuando, después de la carrera, le ves en el podio recibiendo su premio de campeón veterano II, con su porte de hombre respetable, objeto de admiración por parte de los demás, no paras de preguntarte: “-¿Qué es lo que ha fallado en el plan de Dios?


Nos fuimos cada uno a su suite y dormimos plácidamente.

a D. Comienza el ambientillo de carrera, las charlas con los amigos, las mentiras inveteradas (llevo sin rodar nosecuanto, estoy tocado de la rodilla, ayer me comí dos cuartos de lechazo, mi suegra ha estado toda la semana limpiando mi cabra y no sé qué pensar....), y entre unos y otros aparece Manuel Aceña, uno de los fundadores del Tripi y ahora en el Seler. Aprovechando la ocasión le pedimos unas aclaraciones sobre la Creación Rosa (no dejes de leerlo).

Ya en la salida los del Deporama intentan intimidarnos. Los cerca de 10 duatletas posan para la foto del equipo. Vaya si lo hicieron. Viendo los cuádriceps de sus miembros y miembras dije: -Aquí no hay nada que hacer, Luis. Nos  iremos orgullosos con nuestro subcampeonato.

Jodido de frío, sin saber muy bien qué ponerme no paraba de preguntarme eso de “¿quién me mandará a mí...? Aunque sé que dentro de unas 3h, cargado de Tripi Tófanos, lo que resonará en mi cabeza será me equivocaría otra vez”.
Salimos y lo de siempre, miro hacia atrás y sólo hay dos jueces y el de la ambulancia. Ya ni me inmuto. Que corran, que corran.... Si esto dura 3 horas. Ya alcanzaré a alguien, digo yo. Y si no, tendré que confiar en algún pinchazo o en la aparición de calambres.
Alguien entre el público se mofa de los colores del equipo y de mí: -Vamos campeón, que nadie te diga que no puedes ser una princesa. De la próxima asamblea no pasa. En el mono hay que meter más negro y algún dibujo de un mando a distancia. Esto es intolerable.
Se pasan los 9 km. del primer sector y comienza lo divertido.  Cojo la bici a la vez que Luis y Kaly. La zona de montar está cuesta arriba y Luis y yo, mucho más experimentados que Kaly, intentamos forzar la subida. Nos toca echar el pie a tierra mientras Kaly sube corriendo, se monta y desaparece. Nana, que andaba por allí, nos lanza unas alentadoras palabras: -¡Eventuales. Que parecéis nuevos. Los más burros. Y encima con el plato. No sé ni para qué vengo a veros!.  Desconcertado, me tranquilizo haciendo lo que mejor se me da: comer. Mientras monto me meto un gel, medio plátano, dos tragos de mejunje y se me cae el bote. Menos mal que Nana no lo ha visto. Comienzan los 56 kilómetros a cara de perro. Dos vueltas con el aire de cara al principio. En seguida adelanto a media docena de compañeros. Muchos de ellos tienen una visión diferente de la mía de lo que es el drafting. Ellos sólo consideran que están chupando rueda si una moto de juez se pone a su lado; así que se me pegan, aguantan allí como un martillo al sol y como el aire pega de cara no oyen la moto de los jueces que viene detrás. Pero eso sí, tienen ojos, y cuando ven la moto, se hacen a un lado y pegan un tirón que me hacen sentir culpable y parece que fuera yo el que disfruta del drafting. Para evitar problemas en el primer repecho hago un esfuerzo y consigo marcharme antes de llegar al giro. Ahora el aire pega a favor. Todo son unicornios y algodones de azúcar hasta iniciar la segunda vuelta. 
¡Joder! Ahora sí que sopla. Parece como si volviera a mi infancia y sacara la cara por la ventanilla del R6 de mi padre a sus buenos 80 km/h. Sigo adelantando participantes que van muy justitos. Aquí parece que el drafting ya no es tan interesante. No hay fuerzas para nada. El viento nos va dejar con lo puesto para acabar los 9 km de carrera a pie.


Llego al box y me quito mucha ropa para la carrera. Dejo hasta las gafas. Veo alguna bici en el suelo que la ha tirado el viento y a mi paso las vallas que limitan el box quieren hacer drafting conmigo. Me libro por apenas medio metro. Los jueces, en lugar de mandarlas al penalty box, dialogan con ellas y las levantan. Yo me voy y completo la primera vuelta con lo poco que me queda. Faltan 2 y los calambres me quieren presentar sus respetos. Comienza la guerra psicológica de “No dejes de correr--Anda sólo un poquito que no te ve nadie. Por delante llevo a dos a los que voy recortando y me obligo a no parar. Les paso y aparece el signo inequívoco de que ya solo queda sufrimiento. Ese signo no es otro que cruzarte con uno de tu equipo y no levantar la mirada. En este punto apareció un nuevo invitado: el hombre que nunca se rendía. Un tipo al que le encantaban estas crónicas. Sin saber de dónde salía su voz, oí cómo me decía: “-¡Qué pasa, mariquita!¿No vas a acabar?
Será capullo. No me va a dejar andar. Tiene narices, lo que menos le gustaba de este mundillo, la carrera, ahora resulta que se le da de miedo. Y, extenuado,  atravesé la meta con su ayuda, convencido de que, a pesar de todo, sigues haciendo tus duatlones.
Me fui a la carpa, sector donde me siento más cómodo, e hice una demostración de mi depurada técnica de avituallamiento. Caldos con la izquierda (2 vasos); plátano, galleta de chocolate, Powerade y botellín de agua con la derecha; en la entrepierna los guantes, la gorra y el dorsal; y en la boca la licencia mientras masticaba dos magdalenas y hablaba con un juez de un modo más o menos entendible, y guiñaba un ojo a Rubén que hizo segundo.
Al final conseguimos nuestro objetivo,  subir al cajón. Segundos por equipos de Castilla y León. Arriba, en  el podio, buscando a Kaly entre el público para que subiera con todos, con el trofeo en la mano me vinieron a la cabeza de nuevo esas palabras: “-Qué nadie te diga que no puedes ser una princesa”.