lunes, 13 de agosto de 2018

Desafío Castilla y León.

Este fin de semana ha sido la V edición de esta prueba que ya está catalogada entre las 5 más grandes del panorama internacional. Triatletas de la talla de Bruno Fernández, José Mª De Diego, Matías Misiego, Fernando Ortega, Miguel A. Blanco, Raúl Esteban, Javier Rollón, Rafael Becerro, Carlos Abril, Susana Velasco, Jesús Merino o Ignacio Muñoz, han cambiado sus agendas para poder asistir al evento. Entre las grandes ausencias cabe destacar la de Javi Gómez Noya que como lleva poco tiempo en la distancia aún no le ha cogido el ritmo y no ha obtenido plaza. 

Mi intención hace un mes era bajar de las 5 h.  Como veréis la cosa fue bien distinta. Todo se iba poniendo en mi contra. Hace 20 días un inoportuno esguince de tobillo me dejó muy dubitativo. Paré 5 días y luego comencé una rehabilitación exprés y autodidacta. 

Por las mañanas iba a primera hora al Lupa y allí esperaba a que la fila de la caja se llenara. Cuando había las suficientes personas para que se abriera otra caja me ponía alerta y a la voz de “pasen en orden por esta caja” intentaba ganar algún puesto. Los primeros días los perdía, pero poco a poco lo fui consiguiendo (siempre a costa de varones). Cuando me echaban del Lupa hacía lo mismo en el Dia Plaza, pero allí se mira mucho más el duro y tonterías hay las justas. Fue imposible ganar un puesto pero me vino bien. Conseguí fortalecer el tobillo. Fueron unos días muy duros pero ahora los recuerdo con mucho cariño. 

El día antes de la prueba me caía otro saco de cemento encima: Abrí el informe médico del Ceremede y, asombrado comprobé que tras una dura deliberación, la dirección médica me recomendaba ¡bajar 4 kg! ¿Cómo le explico yo todo esto a mi suegra? 
-Que si estás muy delgado; que si deja ya de correr tanto; que si hace mucho calor anda métete este cocido que te estás quedando en na....
Estuve toda la noche barruntando cómo afrontarlo. Ahora que tengo el apoyo institucional, con el peso que da la firma de un médico, igual puedo rechistar cuando me eche un par de cucharones más de toma anda que estás muy delgado. 

El día D llego al box y cuando voy a echar mano a la licencia de triatlón me encuentro con el carné de la piscina. Mecagontó. Para colmo no conozco a ninguno de los jueces que están por ahí. En el único soplo de buena suerte del día les acabo convenciendo de que hay un régimen de reciprocidad entre la federación de triatlón y las piscinas municipales y entro. 

Continúo. Me dan el dorsal 7. Mal asunto. La única vez que me ha gustado algo relacionado con este número fue cuando el Madrid ganó la 7ª y de eso hace ya más de 20 años. 

Me pongo el neopreno y, a pesar de darme vaselina por el cuello, en seguida noto que algo falla. Con las primeras brazadas lo confirmo: mañana tendré una quemadura en el cuello del copón. La manga del mono también ha quedado algo desajustada y parece que va a dar guerra. Hasta el chip de medir los tiempos que llevamos en el tobillo me estaba jodiendo. Asco de vida. 

Comenzamos los 1’9 km de natación. La salida, que es donde te las llevas por todos los sitios, hace que piense que el destino comienza a mirarme con otros ojos. Pero solo se estaba riendo de mí. Apenas he llegado al barco (150 mt) un animal aún sin catalogar me quita las gafas del golpe. Antes de la boya (250), otro de la misma especie me ha dejado sin gorro y, apenas he completado la primera vuelta (500), alguien que parecía querer poner a pre todos los agravios sufridos por sus cuatro últimas generaciones, me pegó tres hostias bien seguidas que me encendieron. Me paré y le di un empujón acompañado de un “pedazo de gilipollas” y el tipo, sin amilanarse un ápice, seguía con intenciones de ajustar su karma. Que lo vi en sus ojos detrás de las gafas polarizadas. Lo que hizo que le ignorara antes de que acabáramos los dos expulsados. 

Con estos antecedentes comencé a pensar y eso ralentiza mucho mi ritmo de nado por la falta de costumbre. Unas cosas llevaron a otras y acabé perdiendo en el agua más de cinco minutos con respecto a otros años pero, a cambio, encontré la fórmula para poner fin a la inmigración ilegal en las fronteras de Ceuta y Melilla sin que ni gobierno ni ONG’s se tiren los trastos a la cabeza. 

A saber: quito la carretera interna  existente por donde patrulla la Guardia Civil, la que está flanqueada por las famosas vallas. En su lugar hago un canal de agua y se lo cedo a las federaciones de triatlón correspondientes para que entrenen los triatletas. En una semana  os aseguro que todas las hordas de subsaharianos se vuelven acojonados a las vías italianas o a sus países de origen pidiendo que se vele por los DDHH. Y aquí viene lo mejor. Cuando las ONG’s quieran arremeter contra la brutalidad empleada por el estado y pidan que rueden cabezas oficiales, pondré en la rueda de prensa al Delegado del Gobierno  con la mejor de sus sonrisas y una nota de prensa entre sus manos para informar: “-Según los datos que me da la federación de triatlón de las ciudades autónomas ¡¡¡Aquínoentrenanadie!!!”. ¿Os suena, triatletas?   



Salgo del agua. Al quitarme el neopreno veo que mi cuello va a dar guerra. Me quito el chip y lo vuelvo a colocar con más cuidado. Da lo mismo. Me sigue rozando algo. Monto en la bici e intento recuperar algo del tiempo perdido en el agua. Los primeros 30 km me veo más o menos bien. Voy bebiendo y metiendo azúcar al cuerpo. En uno de los avituallamientos cambio el bidón vacío por uno lleno. Pero de nuevo el destino se ríe de mí. El agua de allí dentro debía estar llena de pájaros muertos porque sabia a rayos. No me atreví a dar más sorbos. 

Con todos los regalos que me había hecho el destino mi cabeza empezó a funcionar. Un diablillo me decía que cuando acabara los 90 kms de ciclismo hiciera los primeros 5 kms de carrera a pie y lo dejara. Yo me resistía pero el tío era muy convincente.  En la negociación fuimos llegando a una serie de acuerdos mientras yo seguía dando pedales. El muy capullo intuía que cada vez mi mente era más débil y regateaba con lo ya acordado. Los 5 k pactados, quedaron en 3, luego en dos. Mientras, yo seguía en la bici pero cada vez menos acoplado. Cuando empiezas a mover mucho la posición es por que la cosa no pinta bien. y yo no paraba de buscar postura tras postura. Ninguna me convencía.  

Pues al final, el acuerdo al que llegamos creo que fue bastante ventajoso para todos. Consistió en lo siguiente: Dejé la bici (a tomar por cleta la biciculo), me calcé las zapas de correr, me acerqué hasta Mister Chip y le dije: “-Marcos, ahí tienes el chip, a ver si los coges de terciopelo que me ha estado jodiendo toda la carrera. Mira como me ha dejado el tobillo”. 
Mientras él me preguntaba si abandonaba la carrera, le dije: "-¡Me voy al bar a por un helado que para sufrir ya están mis cuñadas!” Al principio pensé en un Calippo pero al ver la carta mandé al carajo esos cuatro kilos del Ceremede, me tiré al barro y pedí un Negritón. 

Puede que muchos deportistas acaben frustrados por un abandono, que necesiten consuelo o que sientan que se les ha quedado una espina clavada. Os puedo asegurar que yo era el triatleta más feliz de la prueba allí sentado dándole lametazos a mi Negritón, esperando a que el karma se igualara mientras veía pasar a un sin fin de compañeros con la cara desencajada por el esfuerzo. 



Y aquí acabó mi Desafío. Podría poner de excusa el esguince, calambres, pinchazos, etc., pero no. No me pasó nada. Estoy convencido de que la carrera a pie la hubiera aguantado perfectamente pero simplemente no iba. Era uno de esos días que sin saber porqué el cuerpo no responde, así que opté por lo práctico: helado. 

Bueno, pues hasta aquí puedo leer. Voy a ponerme un poco de aloe vera por el pescuezo y para equilibrar el universo y pagar los 21 kms de carrera a pie que le debo, acabo de inscribirme en la Behobia San Sebastián. A ver si mi suegra me deja llegar con 4 kg menos bajo la promesa de recuperarlos con el primer menú de sidrería que encuentre en la Bella Easo. 









lunes, 9 de julio de 2018

Triatlón Canal de Castilla

Primer triatlón del año. Como era aquí cerca, a unos 300 metros de mi casa, me animé. Mi semana anterior había sido muy relajada. Tan relajada que lo único que había entrenado era la natación, entre medusas, eso sí. Tenía, por tanto, ese plus que te da la temeridad. 

Nada más llegar a la zona 0 oigo que no se puede llevar el neopreno. Me quedé a cuadros. ¡Pero si el agua tiene que estar, por lo menos, a dos bajo cero! Recordé mis años mozos de instituto cuando me preguntaron por los tres estados del agua y muy serio respondí: "-Fría, templada y caliente". 

En fin, que llevé el neopreno a casa y entré en el box. 

Allí coincidí con dos sujetos que debían de trabajar en la misma empresa. Es más, uno de ellos parecía ser el jefe. Dirigía a su subordinado una disertación sobre el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo utilizando de ejemplo su espectacular bicicleta: 
"-¿Ves esta bici? Me costó más de 7000 euros. Si trabajas duro, si te sacrificas y rindes en tu puesto como el que más, puede que el año que viene, venga con una bici aún más cara".
  
Aparecen los primeros Tripis y comienza el ritual de todas las carreras: Yo apenas he entrenado; yo ayer llegué a las 3 de la mañana, menuda juerga; mi rodilla lleva tiempo sin estar todo lo fina que debiera...



Les administré pentotal sódico. Sin tener tiempo de reacción el primero confiesa que en los últimos 15 días ha hecho 18 entrenamientos de los cuales ocho son de calidad y en tres ocasiones ha doblado, su mujer está al borde de ponerle las maletas en la puerta y su hija está embarazada de un sin papeles. El segundo admite haber cenado una ensalada de quinoa con brotes de algas deshidratadas a las 21 horas y haberse acostado a las 23’05, que no había nada en la tele y estuvo leyendo apenas 10’ antes de quedarse dormido; el último no deja de presumir de que sus meniscos son la la envidia de la planta de traumatología y de que una vez en la mili le dieron por culo. 

Comenzamos en el agua. Otra vez con la sensación de quién me mandará. Primeras collejas, primeros agobios, primeros agarrones.  Con lo bien que nadaba yo hace unos días rodeado de pacíficas medusas. Escocían sí, pero respetando. No como estos cafres que esperan pacientes a que respires por el otro lado para arrearte con todo. 
Salgo del agua y tengo la bici a 10 metros. Si hubiera llevado neopreno no me hubiera dado tiempo a quitarlo. 

Apenas he bajado tres piñones cuando veo a un Tripi retirado por un pinchazo. Me recordó a un amigo que tiene la particularidad de ser la persona más gafe que he conocido. Tiene una mala suerte digna de admiración. En una ocasión fue a una corrida de toros y le dieron un balonazo, no os digo más. 

Me junto con otros dos compañeros y hacemos los 20 km a relevos con mucha fuerza. Hemos ganado muchas posiciones y adelantado a muchos corredores, entre ellos algún Tripi. Algunos creen que adelantar a uno de tu equipo es cuestión de vida o muerte, pero es mucho más importante que todo eso. 

Llego al último sector fundido pero todos vamos parecido. Creo que solo pierdo un par de puestos. Llego a meta en tierra de nadie. Sin posibilidad de adelantar ni de ser adelantado. Me sentí como aquel poeta egipcio: cocodrilo, sol, chacal, ojo, sol, toro, cocodrilo.  

Cuando fui a retirar el material del box  vi a un tipo con una bici naranja. Se veía a kilómetros.  Estaba montando un pollo a los jueces de tres pares de cojones porque le habían pintado en el cuadro “los niños tienen pene y las niñas vagina”. 

Ya fuera, nos esperaba un almuerzo de equipo en el que todos tendríamos la capacidad de demostrar nuestro potencial haciendo series muy largas, sin neopreno, sin rechistar. Cuantas más series mejor. 



Entre chorizo y tortilla nos enteramos de la gran carrera que estaban haciendo nuestros compañeros en Vitoria, sobretodo Nacho que estaba volando, hasta que la mala suerte se cruzó en su camino. Seguro que pronto te vemos de nuevo por el box.  

Y como por equipos quedamos los primeros os dejo con una pequeña encuesta, solo serán treinta segundos: 


¿Es el Tripi el mejor equipo del panorama nacional o por el contrario no hay nadie que le haga sombra?  

lunes, 30 de abril de 2018

Duatlón equipos Salamanca


Tercera prueba del año. En la primera la temperatura era bajo cero y en la segunda, al frío se le sumó el aire, muy fuerte. Con estos antecedentes mi gabinete de emergencia tomó medidas drásticas y en mi fuero, que es interno, se decidió no correr hasta que llegara un sol rotundo acompañado de manga corta. El viernes pasado salí a entrenar con la bici. Llevaba un maillot sin mangas y durante toda la tarde el sol me guiñaba un ojo. Me dije: ¿por qué no?  Así que el domingo tenía una cita en Salamanca: Duatlón por equipos, distancia sprint. 

Después de un buen madrugón llegamos hasta la capital del Tormes con lluvia, granizo, viento e incluso nieve en la sierra. ¡Tócate las pelotas! (valga el micromachismo, que no sé si lo es pero mejor no tentar la suerte).

Paraguas, chubasqueros, cortavientos, puestos de castañas, bufandas, representantes de Gas Natural, formaban parte del paisaje. Incluso en un generador de corriente a gasolina que daba electricidad a la zona de meta se le acercaron unos cuantos participantes recibiendo el calor desprendido por el escape. Por supuesto, eran Tripis. La junta directiva tiene que abrir expedientes disciplinarios y va a tener que poner en marcha un código deontológico ya. 

Otra vez que me pilla el toro (con perdón de los antitaurinos). Sólo llevo el mono de competición y un maillot de primavera por si acaso. Nando me presta una camiseta térmica y Luis unos guantes de poner tubos de riego para la bici (con perdón de los agricultores).

El club confeccionó dos equipos. En el primero iban los rápidos y en el segundo la junta directiva priorizó el rebote y metió un quinteto inicial (sexteto en este caso, con perdón de los matemáticos) que rozaba el 1’90. Solo nos faltaban Felipe Reyes y el Kaly. 

Éramos Félix, Diego, Álvaro, Adrián, el menda con sus guantes de poner tubos y luego Pablo. Pablo es un alma libre. Es la pluma que va de un lado para otro al inicio de Forrest Gump.  A la monotonía del grupo, al trabajo en equipo, al cuidar del resto, Pablo le mete su dosis de alegría, de espontaneidad, de anarquía. Tan pronto lo veías dándote una disertación sobre que no se puede volver a meter la pasta de dientes dentro del tubo como se paraba en la cuneta para comprobar si había pinchado. De repente cogía unos metros de ventaja bajando sentado en el cuadro de su bici en un descenso, como se quedaba rezagado diciendo que no podía más, eso sí, comiendo un plátano y contando un chiste: “-Con tanta lluvia tenemos que lavar la bici porque lo limpio es bueno. Me lo dijo Clean Is Good”. Mientras, todos nos pasamos la carrera dando “instrucciones” a Pablo, el alma libre.


Marcamos desde el inicio un suave ritmo encaminado a hacer la prueba como si fuera un entrenamiento tal y como estaba el clima. Lo importante era la salud, acabar sanos y salvos. En el giro nos hicimos análisis de sangre; en la primera vuelta una toma de la tensión; cuando llegamos a la colonoscopia coincidió, casualmente, con nuestro mejor ritmo (nos pusimos a 3’10 el mil) y no nos dio tiempo a realizarla; llegamos al box y pusimos en práctica una entrenada transición organizada. Los tres primeros debían adelantarse unos segundos e ir equipándose para dejar sitio a los tres siguientes y así no molestarnos.  El resultado fue bien distinto:

“-Merluzo, que te estás poniendo mis zapatillas.
-Deja de meterme el codo en el hocico, animal. 
-Ese no es mi codo, es tu casco, no ves que es de la talla 68 por lo menos, cabezabuque. Que lo has dejado en todo el medio. 
-Te estás llevando mi bici, copón.”

El tono de voz iba subiendo pero gracias a Dios llegó un juez que, con la cara perpleja, dio fin a la disputa. 

En la bici, después de que las primeras rampas nos hicieran olvidar el caos del box, el aire nos puso las cosas difíciles. Ponerte a rueda de un compañero era complicado. Salpicaba el agua como cuando abres el grifo del fregadero y el chorro se encuentra justo debajo con un cucharón que moja hasta las fundas del nórdico del vecino. 

En mi afán por ayudar a uno de los compañeros con un pequeño empujoncito casi me voy al suelo. Me vi tirado en el asfalto y me vino a la mente algo que leí una vez: “-Fierro que da al vidrio ¡ay del vidrio!  Vidrio que da al fierro ¡ay del vidrio!” No me caí y recordé lo hablado: “- Hay que acabar sanos y salvos”. Desde ese momento no he vuelto a tener contacto humano alguno. 

Casi al final del circuito empezamos a notar la presión de un equipo que nos estaba dando caza. El destino quiso que mi bici atravesara un bache que provocó que el inflador saltara y cayera al suelo. Instintivamente para evitar que los de atrás tuvieran algún percance grité: ¡BBOOOMMMBAAA!

Fue mano de santo. Al final, les sacamos de tiempo lo que viene siendo una publicidad de Antena 3. Creo que voy a invertir más horas en esta nueva I+D. Me va a dar ese plus que necesito, sobretodo en el agua. 

Volvimos al box de los hermanos Marx y un murmullo entre los jueces nos hizo comportarnos en esta ocasión como auténticos gentleman: 
“-Tú primero Félix. 
-Nunca antes que usted, Pablo.
-Insisto y no admitiré un no por respuesta, Diego.
- Mi educación me impide colgar la bici antes que la suya, Adrián.” 

Álvaro se negaba a ser el primero alegando que estábamos en su casa y éramos sus invitados. 

Entretanto, fueron pasando equipos y más equipos. Solo faltaba por adelantarnos el de la bomba que seguía cuerpo a tierra esperando a los TEDAX. 

Completamos el último sector dando “instrucciones” a Pablo para entrar todos juntos por el arco de meta, sanos y salvos. 


Después de una bonita mañana de deporte y de equipo fuimos a comer con nuestras parejas una buena paella a Castellanos de Moriscos (con perdón del pueblo musulmán) donde pudimos disfrutar de los triunfos de los nuestros: Carolina Marín con un nuevo campeonato de Europa. Rafa Nadal otra vez campeón en Barcelona. Carlos Sainz quinto y Alonso finisher. El Vrac y el Chami disputando otra final de la Copa del Rey. Los representantes españoles de Eurovisión entrevistados. Y, entre las risas de los periodistas, salta ella que se lleva en la maleta el libro “España de mierda”. Creo que ha habido un gran error con estos chicos. ¿Quién les da esos libros? Lo que tienen que leer es Bob Esponja y el helado de fresa; El trenecito Chu Chu; Verde Pasa, Rojo Espera. Cada cosa a su tiempo. Luego cuando tengan la mente un poco más avanzada (tampoco mucho, sólo como la mía), podrán leer, por ejemplo, un libro recién publicado que me ha encantado: “La Hez que aplastó a los Niñatos Hécticos ”. No quiero destripar la trama pero hay un capítulo tronchante que te sacará unas cuantas lágrimas de risa: El plató de eurovisión se llenó de aguacaca. Cuenta cómo los dos representantes españoles se suben al escenario después de haberse comido 8 euros de gominolas cada uno, más dos helados con sirope, más tres fresisuis y bla, bla, bla... (con perdón de la mesa)



Me voy alimpiar la bici por que Clean is Good.

martes, 27 de febrero de 2018

Duatlón Alba de Tormes

Mi intención para este pasado fin de semana no era otra que haber viajado a Galicia. Hubieran sido unos aburridos días pero no me habría importado hacer ese sacrificio. Me hubiera visto obligado a tomar espumosas cervezas o un vino blanco joven bien  fresquito al que te lo acompañan de tapas frías, calientes, tortilla y/o churrasco.  No siendo esto lo suficientemente inhumano me habría tenido que meter al cinto raciones y raciones de pulpo. Pobres cefalópodos vagando sin rumbo sin sus patitas. ¿Qué es un pulpo sin sus tentáculos? 

Pero.... el destino me llevó hasta Alba de Tormes para hacer un duatlón. De las dos modalidades yo escogí el largo porque me creía con el fondo suficiente que arrastro desde mi preparación en Numancia. Lo malo es que de Numancia han pasado ya dos semanas y no he hecho absolutamente nada de entrenamiento, salvo, claro está, el específico de avituallamiento. Con ese no me entra ni pereza, ni galbana, ni me lesiono; no me importa hacer series, ni intervalos; ni doblar mañana y tarde...


Para poner las cosas aún más difíciles, el miércoles, fui al gimnasio. Llevaba sin pisar por allí más de dos años y una vocecita me susurraba: “¿Cuánto hace que no ves un fantasma?”.  Así que decidí volver. Y si es poco recomendable hacer ejercicios de fuerza en semana de competición, si llevas dos años sin hacerlos, ni te cuento.



Fui al gym el miércoles pensando en coger fuerza para abrir las nécoras con soltura (hice sobretodo antebrazo y cuello), pero el plan divino me tenía reservado una plaza para competir. Me inscribí el jueves por que me veía bien, pero, oye, fue pagar  y me empezó a entrar un nosequé por las piernas... El viernes las tenía con unas agujetas del copón. El sábado muy pesadas. Y el domingo me levanté para ir hasta Alba como si tuviera dos columnas del Partenón. Esto no pinta bien, me decía. 

Para confirmar los malos augurios recojo el dorsal y me toca el 31. Mira por dónde, la edad en la que me maté hace ya 13 años (nótese que 31 y 13 juntos son palíndromos o capicúas). En la iglesia de Santa María. Toda una señal. Esto no puede ser bueno, me decía. 

Y para rematar y complicar más las cosas voy al vestuario y me encuentro con un duatleta del Ciudad de Lugo. Charlamos un rato y me dice que yo tengo pinta de ciclista y que él es un buen corredor; que podemos hacer un buen equipo. Pienso: “-Que Dios te conserve la vista, hijo, por que la intuición...”; pero lo que le digo es: “-Te has buscado un mal socio. Yo no voy ni corriendo ni en bici. Ahora si me buscas una buena pulpeira igual hacemos algo importante”.

Comienza la carrera con los primeros 10 kms. Sobre el 3 me cruzo (circuito de ida y vuelta) con otro corredor que debía tener la camiseta interior mal puesta porque le veía tocándose como intentando colocar algo por dentro. Y lo consiguió. ¡Vaya si lo consiguió! Unos tres segundos después de cruzarnos pegó tal fogonazo que en mi mente apareció: “-¡El rasca de la ONCE!”. Y no fue uno solo, debía de ser un corredor comprometido políticamente, y por aquello de la paridad, a continuación soltó otro. No sé qué género fue primero, si hombres, mujeres, o viceversa, pero le hicieron tronista. A partir de ahí comenzó a rodar a 3’30 el mil. Yo, asustado, le dejé marchar que ya está uno mayor para disgustos. 

En la transición no tengo ningún problema en encontrar la bici. Creo que solo quedaban 4. Allí están Nieves y Marcos Mr. Chip animando. Confío en recuperar posiciones y para ello cuelgo una foto en mi Facebook y escribo: “Ayúdame a recuperar posiciones. Sé que la mayoría no lo va a hacer pero si eres mi amigo de verdad di Amén”.  No debió contestar nadie. Vaya mierda de amigos de Facebook, me quedé igual. En la transición 2 me cuesta encontrar el hueco para mi bici porque están todas allí. Quito la entrada del Facebook mientras me acuerdo de las palabras del último dinosaurio que habitó el planeta. Estaba junto a su pareja contemplando el despejado firmamento de una noche de agosto  a la espera de una lluvia de Perseidas. Le habían despedido del trabajo, su hija quedó embarazada de un mamífero, su hijo fumaba helechos y su mujer se la pegaba con su mejor amigo. Una lágrima de San Lorenzo surcó la noche y su mujer le apresuró: “-Rápido. Pide un deseo”. Sus palabras marcaron nuestra historia: “-Que se mueran todos”.  

Comienzo a correr. Solo me quedan 5 kms. Veo a unos 200 mt un participante que parece que lleva un ritmo parecido al mío. Aprieto y me digo: “-A por él”. Dándolo todo le fui recortando hasta que, cuando ya lo tenía ahí, me di cuenta de que no era él, era ella. Ella era una señora del pueblo de unos 60 años, con una cazadora de colores (lo que hizo que me despistara) y para más inri ¡con muletas! Definitivamente ese no era mi día. Eso sí, le pasé fácil. Y no porque se parara a hablar con la Ezequiela.



Entré en meta muy tarde. Me duché con agua fría (se acabó la caliente). Fui a recoger la bici ¿al box? No. ¿Para qué? Directamente me acerqué a Objetos Perdidos. No quedaban ni Tripis

Llegué a casa con las piernas doloridas y me di un gel de esos tipo Vicks Vaporub para relajarlas. A los 30" empezó a sonar una canción de Manolo Tena que subía por mis tobillos hasta mis inglés brasileñas: “Estoy ardiendo y siento frío”. 

Me acordé de ese último dinosaurio y me quedé dormido: ¡Que se mueran todos!  

martes, 13 de febrero de 2018

Duatlón MD Numancia

El otro día estuve viendo Espartaco y me entró una mala leche que paqué. ¡Romanos! Total, que unas cosas llevaron a otras y acabé inscrito en el Duatlón de Media Distancia de Numancia. Para iniciar la temporada no está nada mal:  la semana más fría de todo el invierno, una distancia larga de narices, un viento previsto del copón y encima Campeonato de Castilla y León. 
Pero era necesario. Tanta inactividad me ha dejado triste. Como bien sabéis, uno de los aminoácidos esenciales incluidos en el código genético que se relaciona con la serotonina y, por ende, con la felicidad es el triptófano. Los científicos lo consideran  esencial, es decir, sólo se obtiene a través de la alimentación. Lo que no saben los científicos es que un isótopo del triptófano se puede metabolizar en un montón de pruebas deportivas, como por ejemplo, ésta de Numancia. A este isótopo se le conoce como tripi-tofano. Es mil veces más potente que su gemelo y más fácil de conseguir.
¿Tienes problemas para dormir? ¿Tu perro te ladra? ¿Todo te male sal? Alístate en el Tripi. Disfruta de dosis gratuitas de Tripitófano. Prueba nuestro fluido rosa.

Hasta Numancia nos fuimos Nando, Luis y yo en la flamante auto caravana nueva de Luis que tiene de todo. ¡Hasta volante! ¿Estás sucio? Ducha. ¿Tienes hambre? Frigo. ¿Tienes sueño? Cama. ¿Un apretón? Tigre. ¿Camboya? Nando.
Cuando llegamos (la tarde anterior a la prueba), no había ni romanos. Así que decidimos hacer la charla técnica de la carrera. Luis nos invitó a pasar a la sala de reuniones: puerta del copiloto a la izquierda. Allí urdimos cómo sabotear a los sorianos del Deporama para poder proclamarnos campeones de Castilla y León por equipos. Estaba todo perfectamente planificado, no había lugar al error:  nos meteríamos en la web de la federación y cambiaríamos  el domicilio fiscal del Deporama a Tabarnia. Pero llegaron Kaly y Nana y se opusieron vehementemente a que se vulnerara la ley. Hablaban de la honradez, los valores del deporte, del sacrificio, la abnegación, etcétera. Tuvimos que encerrarles en la sala Luisdemont (maletero al fondo y a la derecha) para seguir con nuestro plan.
Llegó la hora de la cena y Luis nos llevó hasta el comedor Carlos III, junto al depósito de gasolina. Cuando nos vimos obligados a desaflojar dos puntos el cinturón consideramos que era la hora de ir hasta el aula de audiovisuales para ver la final de fútbol sala en la pantalla gigante.
Mientras nos acomodábamos, Nando salió fuera a buscar un sitio tranquilo (ejemplo claro de eufemismo). Volvió con un par de kilos menos y una sonrisa en la cara. Al día siguiente vimos el cuerpo del delito en un solar cercano y una pintada: Aquí cagué yo”. Cuando, después de la carrera, le ves en el podio recibiendo su premio de campeón veterano II, con su porte de hombre respetable, objeto de admiración por parte de los demás, no paras de preguntarte: “-¿Qué es lo que ha fallado en el plan de Dios?


Nos fuimos cada uno a su suite y dormimos plácidamente.

a D. Comienza el ambientillo de carrera, las charlas con los amigos, las mentiras inveteradas (llevo sin rodar nosecuanto, estoy tocado de la rodilla, ayer me comí dos cuartos de lechazo, mi suegra ha estado toda la semana limpiando mi cabra y no sé qué pensar....), y entre unos y otros aparece Manuel Aceña, uno de los fundadores del Tripi y ahora en el Seler. Aprovechando la ocasión le pedimos unas aclaraciones sobre la Creación Rosa (no dejes de leerlo).

Ya en la salida los del Deporama intentan intimidarnos. Los cerca de 10 duatletas posan para la foto del equipo. Vaya si lo hicieron. Viendo los cuádriceps de sus miembros y miembras dije: -Aquí no hay nada que hacer, Luis. Nos  iremos orgullosos con nuestro subcampeonato.

Jodido de frío, sin saber muy bien qué ponerme no paraba de preguntarme eso de “¿quién me mandará a mí...? Aunque sé que dentro de unas 3h, cargado de Tripi Tófanos, lo que resonará en mi cabeza será me equivocaría otra vez”.
Salimos y lo de siempre, miro hacia atrás y sólo hay dos jueces y el de la ambulancia. Ya ni me inmuto. Que corran, que corran.... Si esto dura 3 horas. Ya alcanzaré a alguien, digo yo. Y si no, tendré que confiar en algún pinchazo o en la aparición de calambres.
Alguien entre el público se mofa de los colores del equipo y de mí: -Vamos campeón, que nadie te diga que no puedes ser una princesa. De la próxima asamblea no pasa. En el mono hay que meter más negro y algún dibujo de un mando a distancia. Esto es intolerable.
Se pasan los 9 km. del primer sector y comienza lo divertido.  Cojo la bici a la vez que Luis y Kaly. La zona de montar está cuesta arriba y Luis y yo, mucho más experimentados que Kaly, intentamos forzar la subida. Nos toca echar el pie a tierra mientras Kaly sube corriendo, se monta y desaparece. Nana, que andaba por allí, nos lanza unas alentadoras palabras: -¡Eventuales. Que parecéis nuevos. Los más burros. Y encima con el plato. No sé ni para qué vengo a veros!.  Desconcertado, me tranquilizo haciendo lo que mejor se me da: comer. Mientras monto me meto un gel, medio plátano, dos tragos de mejunje y se me cae el bote. Menos mal que Nana no lo ha visto. Comienzan los 56 kilómetros a cara de perro. Dos vueltas con el aire de cara al principio. En seguida adelanto a media docena de compañeros. Muchos de ellos tienen una visión diferente de la mía de lo que es el drafting. Ellos sólo consideran que están chupando rueda si una moto de juez se pone a su lado; así que se me pegan, aguantan allí como un martillo al sol y como el aire pega de cara no oyen la moto de los jueces que viene detrás. Pero eso sí, tienen ojos, y cuando ven la moto, se hacen a un lado y pegan un tirón que me hacen sentir culpable y parece que fuera yo el que disfruta del drafting. Para evitar problemas en el primer repecho hago un esfuerzo y consigo marcharme antes de llegar al giro. Ahora el aire pega a favor. Todo son unicornios y algodones de azúcar hasta iniciar la segunda vuelta. 
¡Joder! Ahora sí que sopla. Parece como si volviera a mi infancia y sacara la cara por la ventanilla del R6 de mi padre a sus buenos 80 km/h. Sigo adelantando participantes que van muy justitos. Aquí parece que el drafting ya no es tan interesante. No hay fuerzas para nada. El viento nos va dejar con lo puesto para acabar los 9 km de carrera a pie.


Llego al box y me quito mucha ropa para la carrera. Dejo hasta las gafas. Veo alguna bici en el suelo que la ha tirado el viento y a mi paso las vallas que limitan el box quieren hacer drafting conmigo. Me libro por apenas medio metro. Los jueces, en lugar de mandarlas al penalty box, dialogan con ellas y las levantan. Yo me voy y completo la primera vuelta con lo poco que me queda. Faltan 2 y los calambres me quieren presentar sus respetos. Comienza la guerra psicológica de “No dejes de correr--Anda sólo un poquito que no te ve nadie. Por delante llevo a dos a los que voy recortando y me obligo a no parar. Les paso y aparece el signo inequívoco de que ya solo queda sufrimiento. Ese signo no es otro que cruzarte con uno de tu equipo y no levantar la mirada. En este punto apareció un nuevo invitado: el hombre que nunca se rendía. Un tipo al que le encantaban estas crónicas. Sin saber de dónde salía su voz, oí cómo me decía: “-¡Qué pasa, mariquita!¿No vas a acabar?
Será capullo. No me va a dejar andar. Tiene narices, lo que menos le gustaba de este mundillo, la carrera, ahora resulta que se le da de miedo. Y, extenuado,  atravesé la meta con su ayuda, convencido de que, a pesar de todo, sigues haciendo tus duatlones.
Me fui a la carpa, sector donde me siento más cómodo, e hice una demostración de mi depurada técnica de avituallamiento. Caldos con la izquierda (2 vasos); plátano, galleta de chocolate, Powerade y botellín de agua con la derecha; en la entrepierna los guantes, la gorra y el dorsal; y en la boca la licencia mientras masticaba dos magdalenas y hablaba con un juez de un modo más o menos entendible, y guiñaba un ojo a Rubén que hizo segundo.
Al final conseguimos nuestro objetivo,  subir al cajón. Segundos por equipos de Castilla y León. Arriba, en  el podio, buscando a Kaly entre el público para que subiera con todos, con el trofeo en la mano me vinieron a la cabeza de nuevo esas palabras: “-Qué nadie te diga que no puedes ser una princesa”.