miércoles, 8 de mayo de 2013

Mi primer triatlón.


15 de julio. Año 2012. Participación en mi primer triatlón: XXII Triatlón Popular Canal de Castilla en Medina de Rioseco.  Se celebraban dos pruebas simultáneamente: Olímpica, para los magníficos y Popular, "pal pueblo".

Yo que llego más chulo que un ocho tocado con la boína bien calada, un ducados en la comisura de los labios, mi bicicleta de montaña prestada por los pelucas, modificada, diez o quince tallas más pequeña, a la cual se le echaba en falta la cestita y a la que ya conocen todos los organizadores aunque no es de un color muy llamativo. Subido en ella era la viva imagen de “Magilla Gorilla”. Llego a la zona de material y uno de los jueces me inquiere: -¿Dónde está el casco?- Retiro el “trujas” de los labios con los dedos índice y pulgar de la mano derecha y con la izquierda señalo la boína. Ante mi asombro niega la evidencia: -Eso no es un casco. Sin casco no puedes participar. –Tú acabas en el pilón, galán.- Le replico

Acudí sin neopreno porque no tengo y porque en el pueblo "sa nadao asín de to la vida", esperando que los participantes de la prueba popular fueran afines a mí, si no en tiempos, sí por los menos en cuanto a material se refiere. ¡Los huevos! Cuál es mi sorpresa que de popular nada de nada. ¡Qué profesionales! De los 50 participantes únicamente cinco estaban sin neopreno, uno ya sabéis quién es; de las 50 bicis, 49 eran de carretera, la otra la conocen ya como “La Indomable”. En su honor hay que decir que llevaba unas cubiertas que han ascendido el mítico Angliru. Como el que no arriesga no gana yo decidí arriesgar quitando los ruedines en perjuicio de la seguridad, ganando, eso sí, unos buenos segundos por kilómetro. En cuanto a los frenos llevaba las zapatas muy desgastadas por no decir que iba sin ellas. ¡La Virgen: sin ruedines y sin frenos!

500 metros nadando. Se me hicieron largos y fueron muy peleados. Yo me empeñaba en ir recto y cada vez que respiraba por mi flanco derecho veía el mismo gorro verde con el número 45 empeñado en buscarme, en ir al choque. No contento con eso, el tipo tenía la osadía de poner cara de víctima como si yo fuera el culpable. Desesperado, paró unos segundos buscando alguna caña o algún junco para atacarme con más contundencia. Entre golpes y empujones no pude coger mi ritmo más de 100 mts seguidos. Salí del agua casi el último mientras escuchaba cómo zurcía el aire un ataque traicionero con la vara de junco que me lanzaba el 45 que, por las palabras gruesas que utilizaba, parecía no estar muy contento con su primer segmento realizado. 

Con todas las esperanzas puestas en La Indomable,  mal me pintaba la cosa, y a golpe de pedal y de riñón, fui echando mano a otros aparatos mejor considerados, hasta tal punto que los 20 kms se le quedaron cortos y justo al llegar a la zona de transición, una juez con la bandera en alto me ordenaba bajar de la bici, como es preceptivo, con los ojos desorbitados. Mientras, el expreso transiberiano carente de frenos intentaba hacer su parada por el andén 7 a la vez que la juez utilizaba la bandera a modo de defensa. Tras el nuevo intento de agresión  antes de la transición conseguí sosegar a La Indomable. La dejé a buen recaudo en el box, sin candar ni nada. Con las ganas me quedé de hacerlo pero hubiera perdido los pocos metros de ventaja que llevaba al sujeto de la vara de junco al que se había unido ahora la juez con la bandera en ristre. 

Por último la carrera pedestre, 5 kms. Ahí tenía yo a un compañero mío, un teniente, que me sacaba unos 200 metros de ventaja. Y a por él que me fui como si me persiguiera el mismísimo diablo intentando adelantarlo en el escalafón figurado de la carrera.  A mitad del recorrido le hice morder el polvo mientras le oía decir: -"Eso no vale, soy oficial". Adelanté también a algunas damas cuyos oídos no estaban preparados para escuchar el despilfarro de improperios del teniente.

Y en éstas llegué a la meta en el puesto 22, seguido de cerca por el oficial, la juez y el del junco. Como me encontraba con fuerzas y no tenía nada especial que hacer, seguí corriendo hasta casa y una vez allí cerré puertas y persianas por aquello de que no entrara mucho la calor, recordad que estamos en julio, mientras desde fuera se escuchaban cosas tales que no son dignas de una sociedad civilizada que se respeta. No sé qué habría preparado mi vecino en esta ocasión.




Mañana mismo me pongo a buscar por la red bicicleta de carretera y neopreno.  
A los que habéis llegado hasta aquí muchas gracias por vuestra atención.