lunes, 17 de marzo de 2014

Ducrónica

Hoy toca crónica bisecada.

Iniciamos la sesión en Medina de Rioseco. Sábado, 16'30 horas. Duatlón Cross con157 participantes. 9 Tripis sin contar parejas, familia, oficiales, jueces, procuradores y fiscales.  Dorsal número 103: ¡Qué recuerdos y qué dolores de cabeza!: "Ciento tres con Coca-Cola es, es. Ciento tres...."


Viajamos unas horas al futuro. Nos vamos a León. Domingo 10'30 horas. Media Maratón. Unos 1700 participantes. 5 Tripis. Dorsal 256. Nada que decir respecto al número. 

Rioseco. Zona de boxes. Pasan un aviso para Gonzalo, compañero del Tripi: "Dorsal 99: unos etarras han entrado en casa de su suegra". Mientras, el sujeto en cuestión, posa tranquilamente el casco y la bici con sus zapatillas y murmura con malicia: "¡Qué se jodan! ¡Qué nadie les mandó!"

León: salimos Luis, Fernando y yo con la intención de realizar la prueba juntos en una hora treinta y cinco. Un medio maratón te permite llevar un ritmo constante y "tranquilo". 


Rioseco: aquí eso es imposible. Un duatlón te hace ir como un pellejo desde el primer al último segundo. 

Vuelta al futuro. León. Salimos con estampida dentro de la manada y nos colocamos a la altura de una bici con un cartel: "1ª Mujer". Yo, iluso, espero ver a una fémina llamada Eva con una simple hoja de parra tapando sus vergüenzas. Pero no, más bien parece la mujer de un  clérigo talibán con frío.

Retrocedemos. Rioseco. Después de hacer el primer segmento a un ritmo de 3'50 veo que esto no me llega ni para ir entre los 50 primeros. ¿Esto qué es? Cojo la bici pensando: "¡La que me va a caer aquí!". Damos tres vueltas a un circuito de seis kms. En la última sufro amagos de que se me va a subir la bola, lo que al bajar de la bici será inevitable. Espero que no sea muy fuerte. Es como cuando vomitas por un cebollón: tu cuerpo te dice cosas. 

En León el público anima entre indeciso y sorprendido. Aplauden y gritan hasta que leen la palabra maldita en la camiseta del equipo: Valladolid. Llegan a un camino sin retorno por el cual no saben hacia donde tirar. Como cuando saludas a alguien que no es quien creías. 

En Rioseco, los paisanos jalean mi nombre pero el ritmo de carrera no me deja ver las caras. Sólo son voces en mi cabeza. Como aquellas que me decían cómo desmembrar los cuerpos para apilarlos en el arcón.

León. Va discurriendo la carrera y sigo aguantando el ritmo de Fernando y de Luis. Tengo las fuerzas suficientes para anticiparme a las descargas intestinales de los de delante. Deben de tener un doble fondo en el colon. La intensidad de los cuescos, su sonoridad, el volumen, el timbre como aflautado y el hecho de que suenen como si se produjeran en un medio acuoso me lleva a pensar en lo que llamaba aguacaca en mi adolescencia. Creo que no es necesaria una explicación. 

Regreso al pasado. Faltan unos 200 metros de bici. Cargo el peso sobre el pedal derecho para estirar el gemelo. Desmonto y éste intenta trepar hacia el sobaco pero lucho por mantenerlo en su sitio. Tras prometerle unos masajes tailandeses, dos napolitanas de chocolate y saltar durante las dos próximas semanas exclusivamente con la pierna izquierda accede a dejar las cosas como están. 


León. Quedan 3 kilómetros y vamos a ritmo de hora y media pero lo de ayer empieza a pasar factura. Fernando y Luis se me van. El tipo del globo de la hora y media no me deja. No para de arengarme y les vuelvo a coger. El hombre se pasó los dos últimos kilómetros azuzándonos  y al final se nos escapó por 8 segundos, cosa que yo no había ni imaginado después de la paliza de ayer. 

Duatlón. Último sector y voy adelantando a unos cuantos que me pasaron con la bici. Entro en meta y me comentan que al ganador no le gusta estar de más y que, mientras los otros acabamos, se ha ido a ver la versión extendida del Señor de los Anillos, que ya está en los créditos y que viene para recoger el premio. 



Duchas de León. Después de la carrera toca ducha y como os podéis imaginar, mientras las mujeres nos esperan fuera, un poco de humor masculino no viene mal: "Que si frótame la espalda, pirata; que si anda, bobo, que se te ha vuelto a caer el jabón; que si donde tienes esa vaselina que te dabas antes; que si me puedes ayudar que voy al baño  y me dijo el médico que no coja peso; que si adivinas lo que tengo en las manos para ti,....". 
En fin, ¿qué os voy a contar?

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