lunes, 21 de julio de 2014

Tri Rioseco

Es la XXIV edición. Este año el tiempo no nos acompaña. Por la ventana de casa se acerca una pareja de hurones, macho y hembra, calados hasta los ojos, preguntando por un hombre con barba y barco. Yo que soy muy cortito y por qué no decirlo, tengo bastantes malas ideas, les indico el camino hacia el canal, donde está el barco turístico, cuyo capitán coincide con la descripción. 

Cuatro y media. Parece que hay tregua y comenzamos a colocar el material. 
Estreno mono nuevo. Estoy contento con él aunque estos listos de AutoMundo y de TerraDuro quieren que les haga la publicidad gratis. Por ahí no paso. Me he plantado y me he hecho fuerte en mi postura. Tan fuerte como las fantásticas rebajas de verano en todos tus recambios para el automóvil, ya sabes en la calle García Lesmes. Y tan fuerte como un toro, desde donde nos llegan esos magníficos caldos, D. O. Toro, un vino sacado desde el mismo corazón de la tierra.  ¡No pierdas el tiempo! Vamos! ¡Tómate un TerraDuro.!¡Alegra tu espíritu con la sangre de Cristo!

Ya en el box pongo un par de bolsas de plástico para tapar las zapatillas y evitar que se llenen de agua.  

Salimos en masa por el Canal de Castilla. Somos 160 participantes para hacer 1500 metros de nado. Todos vamos con gorros amarillos. Las boyas de señalización también son amarillas aunque más grandes. Cuando creo que estoy a punto de llegar a uno de los giros descubro que no; no se trata de una boya sino de un participante que se ha parado a tomar aire  y que calza un membrillo cojonudo. ¡Mierda! A seguir. Damos la primera vuelta  y comienza a diluviar. A la altura del barco se me tira a morder el hurón hembra con un cabreo desmesurado mientras repite: "-Este capitán no é, este capitán no é."  Me deja el brazo izquierdo del neopreno hecho jirones pero consigo huir.
A la lluvia comienzan a sumarse otros agentes meteorológicos  que me hacen recordar las epopeyas griegas. Veo a Zeus puteando a Ulises con unos rayos amarillos por aquí, unos vientos huracanados por allá, unos jueces impasibles por este lado: "Uliseeeees, que te has saltado la boya. Que te enseño la tarjeta amarilla. No me mires así, que acabas en el penalti box." "-Oh, Zeus, que amontonas nubes, ¡un poquito de por favor, compadre!" 


El gran Zeus no tuvo clemencia. Comencé a oír truenos y me dio por pensar. Si un rayo cae en el agua, aunque lleves puesto el neopreno ¿te polariza las gafas?  

Salgo del agua del canal y entro en el agua de la atmósfera. No hay público. Todos han ido a resguardarse. 

En el box me entran dudas, ¿me monto en la bici con el neopreno? No, que estreno mono. Me calzo las zapas. Chof y chof.  Están llenas de agua. Malditas bolsas. En la izquierda incluso hay un pez que nada plácido contemplando la carrera. Le llamaré Pompitas. Le meto en el gorro de natación y le echo un poco de comida. Transición para olvidar. De las más lentas que recuerdo. La bici de Fernando ya no está. ¡Qué capullo! Ya no le gano ni en el agua. A ver quién le aguanta toda la semana. Sólo soy capaz de vencerlo en el Candy Crush. 

En la bici, me pongo las gafas. Están totalmente mojadas. No veo nada pero si me las quito el agua me golpea en la cara y veo menos aún. 



Menos mal que estoy en mi pueblo y conozco el circuito. Voy a tientas. Qué manera de llover. Veo corredores que están de vuelta. Es imposible. ¿Cómo me van a sacar 15 km de ventaja? La explicación está clara. Creo que han abandonado visto cómo está el panorama y se han dado la vuelta. A mí no se me pasa por la cabeza. De aquí sólo salgo por el arco de meta.  ¡Este país lo que necesita son hombres de verdad! Mientras pienso  esto me adelanta una fémina quitándome las pegatinas de la bici. ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Que voten las mujeres?  

Los kilómetros pasan y el cielo se va despejando. Continuamente pasan ambulancias. Veo más corredores de lo habitual en las cunetas. Demasiados pinchazos. 
El público vuelve a acudir al circuito para animar. 
Entro al box. Segunda transición. Cuelgo bici, quito casco, quito zapas bici, pongo zapas correr, chof, chof; mierda de bolsas, y a finalizar. 

Me quedan diez kilómetros de charcos, barro y baches. Ahora los ánimos de los vecinos se hacen más evidentes. Hay mucha gente. La carrera se realiza por donde suelo entrenar. Me conozco todos los  charcos y las zonas donde se acumula más barro. ¿Esto me sirve de algo? No. Paso por el medio de todos. Me alegro de tener unas Noosa en los pies. Te mojas, sí, pero evacúan muy bien el agua y no llevas la sensación de que cada pie pesa cuatro arrobas. 



Entro en meta con Pablo de la mano saludando al personal. Pablo me lleva directo al mostrador de las Coca-Colas. "-No, Pablo. Mejor coge una Fanta. No me, no me, que te, que te."


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