martes, 5 de agosto de 2014

TRI Valladolid

Mañana de domingo. Se celebra en Valladolid la fiesta del "decathlón", como dice un conocido mío. La prueba está organizada por el Tripi, el ayuntamiento que preside D. Francisco Javier y la Federación de Castilla y León.  ¡Éxito asegurado!

Voy al baño. Ayer me salté mi momento "olbran". Nada. Parece que aún no está maduro. No hay contracciones. Mucho me temo que esto pesará en la carrera. Llego a la zona de boxes. Pedrito Hervás anuncia con malicia que no podemos utilizar el neopreno. ¿Quién habrá tomado la temperatura del agua y con qué? 

Todo por el box es rosa; todo está tomado por  Tripis. El perro antidrogas de la policía está frenético. Se necesitan cuatro paquetes de salchichas de frankfurt, tres pelotas de goma y  dos perritas en celo para apaciguarlo.  

Dentro del box, me veo, como diría una mujer, hinchado. ¿Serán gases? Si me ataran un cordel al tobillo volaría como un globo. Positivo para la natación. 

Nos vamos hacia el río. Somos 300 participantes y me veo metido en una Batalla de las Termópilas campeonato de Castilla y León. Ya me imagino pintando mis abdominales mientras me despido de la reina Gorgo con un beso para dirigirme al desfiladero del puente del Poniente. 
Después de una salida, con su presalida y su postsalida, un poco desastrosa, no hay rastro de los persas. 


Ningún golpe, ninguna salpicadura. Nada. Estos espartanos son muy disciplinados. Llegamos a las boyas. Todo fenomenal. Encaramos la recta final y ... 

Debió de ser el mismísimo Jerjes. Apenas faltaban 50 metros para salir del agua y estaba meditando sobre cuántos minutos me sacaría el primero, cuando me ahorró el trabajo de meditar esta cuestión la caída del Imperio Persa sobre mi cabeza, dejándome inconsciente. Sin saber por dónde llegó, me cayó una hostia en toda la cabeza que me quitó hasta las gafas, algo que no es precisamente fácil. 


El sujeto en cuestión, debía sentirse orgulloso de su gesta y se paró con la excusa de pedir perdón y firmar una tregua, aunque sospecho que lo hizo para regocijarse contemplando mi desfigurado rostro. Con las gafas descolocadas y desorientado comencé a nadar en dirección contraria mientras mascullaba: "Se me ha vuelto a olvidar apagar el gas". Me recupero lo suficiente para ver un barco. Hasta su nombre parece burlarse de mí: "La Leyenda del Pisuerga". ¡Joder!, el hostiazo de Jerjes ya figura en los libros de historia. ¡Hasta le han puesto un barco! 

Salí del agua como pude y me fui a por el caballo. 


El mandoble del persa había removido algo en mi interior y noté una fuerte contracción. Menos mal que sobre la grupa de mi corcel la cosa se calmaría. 
Desato las bridas y saco al equino, le fustigo y ... "corre, corre, caballito, corre por la carretera.."  Se me pega Miguel Ángel, un Tripi que tiene la particularidad de sacar los colores a más de la mitad del pelotón con sus taitantas castañas, veterano III. Ahí es nada. 


Después de una bici más menos cómoda dejo el caballo atado a la barra. Arrojó una moneda espartana de hierro a uno de los mozos para que le lleve a abrevar. Me calzo las sandalias y salgo pitando a la caza de Jerjes. 

Me cruzo con la primera fémina, una ilota que debe estar huyendo de su amo por el ritmo que lleva.  ¡Me saca casi diez minutos!  Y no me extraña que le persigan. Su disposición molecular y su escasez de grasa la hacían muy apetecible. Hasta ellas giraban la cabeza. Sin duda la reina del decathlon. Por la situación de carrera yo siempre la encontré de frente pero los que la vieron por detrás comentaban que si en una de las transiciones dentro del box, se hubiera caído de bruces, no habrían dudado en aparcar la bici en sus cuartos traseros, con perdón. 
Última vuelta y llega a mi altura Javi Rollón, como no podía ser de otra manera entramos juntos. Ya echaba yo de menos estas llegadas. 

El párrafo que se reproduce a continuación contiene altos índices de escatología. Si Vd. tiene marcapasos, es una persona aprensiva o cree estar embarazada, prescinda absolutamente de su lectura. Puede producir vómitos y cefaleas. Y no es broma. 

El caso es que una vez llegué a casa no veía el momento de sentarme en el trono para aliviarme. Las contracciones se sucedían cada 23 segundos.  El parto comenzó segundos después de pasar el aviso: "El que necesite entrar en el baño tiene una única oportunidad para hacerlo ahora. Voy a entrar y, creedme, no os gustará ir detrás". El alumbramiento se produjo con alguna complicación mínima. La longitud del feto era ligeramente superior a la longitud existente entre la parte más meridional de mi tronco y el suelo de la taza, por lo que tuvo que realizarse una maniobra de incorporación y alzamiento de cadera para la liberación de la hez. Ésta, al verse libre quedó un instante en equilibrio, totalmente vertical, hasta que la gravedad la llevó indefectiblemente a quedar apoyada en la pared de la taza haciendo clonk. 


Miro orgulloso mientras mi mano se dirige al pulsador. El ente lo ve y me pone ojitos como el gato de Sherk. Yo no me amilano e intenta morderme. Tengo que hacerle frente con escobilla en mano y cuatro pulsaciones más tarde por fin se ha ido. Siento un gran vacío en el estómago. Me miro en el espejo. ¡Oye! Parece que ya no estoy hinchado. 

Pues nada, a llenar el vacío que tengo con una buena paella y con la botella de TerraDuro que nos han regalado. Y después, nada como una tarde saltando, brincando y haciendo acrobacias en los hinchables de los Espectáculos Alejop. ¡¡Salta, salta, salta sin parar!!
Lástima que los domingos no abran AutoMundo. 

Por cierto, Víctor, del Tripi, nuevo Leónidas de Castilla y León. Au! Au! Au!  

No hay comentarios: