lunes, 3 de noviembre de 2014

Maratona do Porto

Cuando te propones hacer un maratón, siempre te marcas un objetivo respecto al tiempo a realizar, un tiempo que sea factible. Durante los dos o tres meses previos se enfoca el entrenamiento a llevar un ritmo constante que nos lleve a conseguir ese tiempo. Luego, ya en carrera, es otra cosa. 
Hasta el kilómetro 30 no suele haber mucha variación con respecto a lo que hemos preparado. Después del 30 tu objetivo va cambiando poco a poco hasta llegar a un punto en el que vendes tu alma al diablo por acabar YA. 

Mi objetivo para Oporto era bajar de 3 horas 15. Los últimos 2 meses y medio es lo que he estado entrenado. Como un reloj suizo he rodado y asimilado un ritmo de 4'35 el km. Hasta el jueves anterior. 

Amaneció el jueves y lo último que me rondaba la cabeza era hacer 4'35 el km. El viernes me dije: "Quizás acompañe al resto en el viaje". El sábado, ya en Oporto: "¡Qué pena que no pueda correr!".  Y el domingo en el desayuno va un fulano y me suelta: " A que no hay huevos". 

Pues al final, me lié, me lié y hasta la meta llegué. Eso sí, las 3'15 quedaron en 3'23 pero ¿quién me lo iba a decir los días anteriores? Yo que era tan feliz con mis paracetamoles, mis ibuprofenos, mi visvaporús,  los pañuelos y lo mejor de todo: los remedios caseros. Que si la leche caliente con un chorrito de ron. ¡No hombre, no! Mejor bébete un vaso con agua caliente,  miel y dos gramos de uranio empobrecido.  Mi abuelo, que en paz descanse, tomaba raspaduras de heces, las disolvía en dos partes de orín de primate hembra preñado y ni un catarro en 10 años, tú. Pues el mío se empadronó en Bilbao y nunca lo hemos vuelto a ver estornudar. 

A lo que vamos. Llegamos a Oporto las tres parejas el sábado por la mañana, Luciano y Julibel, Nando y Yoli y María José y el enfermo. Además estrenando coche. 


Recogemos los dorsales en la feria de la maratona, a los portugueses les gusta llamarlo así, y con la tarde libre, optamos por montar en un bus turístico para no gastar muchas fuerzas.  ¡La de cosas insospechadas que puedes llegar a aprender en uno de estos viajes con los auriculares en su canal correspondiente y en apenas dos horas!
Por ejemplo, la Plaza de la Batalla debe su nombre a UNA BATALLA. ¡Vivir para ver!  La gran importancia que tiene dentro de la cultura gastronómica portuense el ajopuerro. La zona llamada Miragaia recibió el nombre tiempo ha, por un galán que se quería hablar con la hija del molinero, la Gaia.  No sabiendo cómo romper el hielo se metió un manojo de ajopuerro en sus partes y llamando a la Gaia, lo mostró, poniendo indefectiblemente el nombre a esta zona: Miragaia. Pero lo mejor de todo: el alcohol. Estos portugueses presuntuosos nos quisieron hacer comulgar con ruedas de molino. Al pasar por la zona de las bodegas, la voz femenina artificial que nos narraba, informa al pasaje: "Están ustedes pasando por la zona del mundo con más alcohol por metro cuadrado". A los daneses, noruegos o franceses que nos acompañaban esa voz maquinal se la podía dar pero a los españoles... ¡Ja! Nosotros, me refiero a nuestro grupo, no somos mucho de cultura pero en seguida nos ofendimos ante semejante despropósito. Unos gritaban enojados: "Vete a mi peña en San Juan"; otros, haciendo nudos imposibles a los cables de los auriculares: "Tú no has estado en el bar de Tasito"; otros increpaban al conductor mencionando entre improperios palabras como Sanfermines, el Rocío, tomatinas, magaluces o el bar del Congreso. Para acabar el viaje, la voz mecánica nos sugirió mirar a nuestra izquierda para deleitarnos con la impresionante estampa del mural de azulejos del siglo XIV de la iglesia da Lapa que representa el apresamiento del pequeño Nicolás. 



Bueno, a la carrera, que no empiezo. 

Cinco cajones de salida, el de los macho Alfa, y luego A, B, C y D. Haciendo un alarde de modestia nos fuimos al B, no como otros que luego solo hacen que molestar y hacer tapón a los corredores de verdad. A mí no me la dan. Si quieres saber un truco fácil y sencillo para distinguir a un verdadero macho Alfa pídele que eche el suavizante en la lavadora.  El genuino macho alfa lo hace a ojo. 



Me junté a un tanzano de éstos tipo gacela. Sonriendo y en actitud afable utilicé el traductor del teléfono para hacerle saber en swajili: "Sería un orgullo para mí, como símbolo del hermanamiento de las culturas, poder compartir los kilómetros de esta carrera con usted, siempre y cuando su temperatura corporal esté dentro del baremo que el protocolo de la OMS establece como límite en la lucha contra el ébola". No sé lo que entendería este hombre pero en el km 1 me sacaba 5'. Después de la carrera pulsé el botón viceversa en la traducción del swajili y arrojo estas tranquilizadoras palabras al castellano: "Mira mozo, llevo 24 años de Picoleto en la frontera de Ceuta, ya puedes correr porque como te eche mano vas a desear que te coman los leones". 
Nunca me olvidaré, mientras me acuerde, de su cara asustada. En los giros de 180 ° cuando nos cruzábamos se calaba una gorra y se alejaba hasta el extremo del carril acelerando la marcha. 

Al final tuve que ir con Nando, es lo más parecido a un tanzano, pero con flequillo. Le aguanté hasta el km 26 donde comenzó a distanciarse paulatinamente. 



Solo, se hace todo más duro. A cada km esperaba ver el rostro del hombre del mazo presentándome sus respetos pero éste no acudió. Cosas de las carreras, cuando peor crees que estás resulta que no. Y así, sin razón aparente, en el km 39, me dio por cantar "Yo no quiero ser antes, yo quiero ser después".

Me puse a la par de un tipo que me recordaba a Colombo pero sin gabardina y, así, sin entendernos, los dos fulminados, recorrimos juntos los dos últimos kilómetros y entramos saludándonos en meta. 
Allí vi a lo lejos a mi casi amigo tanzano hablando con dos guardinhas entre aspavientos mientras me señalaba. Maldita sea mi suerte. Despidiéndome de Colombo precipitadamente me perdí entre los casi 7000 participantes, cogí la bolsa del corredor, la medalla de finisher y me escabullí completando los 5 km que me separaban del hotel, estos sí, a 4' el km. 
Ya, al amparo del hotel abrí los regalos y encontré una botella de vino de Oporto. ¿Esto qué es? Señores organizadores, si quieren dar prestigio a la prueba solo hay una opción: Terra d'Uro, un vino sacado desde el mismo corazón de la tierra. 



Nada más, ya sabéis, hacedme caso a mí y desoíd todos los remedios caseros del acervo popular. Nada mejor para combatir una faringitis que cascarte una maratona, o en su defecto, un maratón. 
Creo que con ésta... ¡Hasta el año que viene! ( Con permiso de alguna San Silvestre).  

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