lunes, 9 de febrero de 2015

La Paramada

Después de varios meses sin competir heme aquí. Empiezo la crónica en cuanto acabe mis abdominales (..., 4498, 4499 y 4500). Pues nada, al lío. 

Prueba: Trail de montaña. ¡Mi primer trail de montaña! Distancia: 20 kms. Nombre: La Paramada. Localidad: Geria (Valladolid). 



Un trail de montaña es una carrera como otra cualquiera en la que al finalizar además de lavar la ropa utilizada, tienes que, y aquí reside la principal diferencia, lavar el calzado. 
Llegamos a Geria sobre las 9 de la mañana y, por decirlo finamente: ¡hacía un frío de tres pares de cojones! Sin más miramientos fuimos de cabeza a agolparnos a un pabellón y a formar filas para retirar el dorsal, aprovechando así para entrar en calor. Me llamó la atención cómo a un corredor que portaba una camiseta con la leyenda "Odio el jabón" y que iba  a recoger su dorsal, la gente, mostrando el más vivo respeto, se le apartaba, cediéndole el paso en todo momento, mientras los demás nos apiñábamos e incluso discutíamos de forma vehemente si considerábamos que uno u otro se nos intentaba colar. 

Comienza la carrera a ritmo de AC/DC (https://www.youtube.com/watch?v=uT3SBzmDxGk). Como de costumbre Luis, Fernando y yo, hablamos de ir juntos. Como de costumbre también,  Fernando sufre su particular enajenación mental transitoria y se escapa apenas hemos dado cuatro zancadas. Abandonamos el pueblo y comenzamos a subir por una ladera que nos pone a todos en fila india. Se va rompiendo el grupo y quedo en uno tirado por un tipo con coleta. Me viene a la cabeza algo que leí en una ocasión de la situación de Galilea en el año 30: "Ahora a la gente le ha dado por seguir al melenas ese de barba que quiere acabar con el orden establecido». 
Los primeros cinco kilómetros se hacen un poco pesados debido al peralte del terreno, siempre a izquierdas, que hace que los tobillos no paren de protestar. 
Entre subir y bajar pendientes, recorriendo parajes helados, con restos de las últimas nevadas fuimos entrando en calor y conforme pasan los kilómetros subir andando se va haciendo una constante. Las bajadas se convierten en un juego peligroso debido al hielo que resiste en las caras que miran hacia el norte y el barro en el que se convierte el hielo fundido en el sur. 

Las personas que somos humanas y que tenemos un fuero que es interno debemos ser prudentes respecto a los ofrecimientos que hacemos en momentos críticos. Y me explico. Uno de los corredores que iba a mi lado, en una de las subidas en la que caminábamos, ofrecía alegremente su mano por un vaso de cerveza cual rey Ricardo pidiendo "un caballo, un caballo, mi reino por un caballo".  Pues fue llegar a la meta y no veáis el pollo que montó cuando, en broma, le intentaron cobrar 50 céntimos por una caña con gaseosa. Pedía hablar con exigencia ante el promotor de la prueba o en su defecto con un concejal del municipio. Dijo que era intolerable y que escribiría a El Norte de Castilla quejándose de la explotación de que se hace objeto a los runners. 

Sobre el kilómetro 15 un compañero del grupo que decía ser munícipe, nos anuncia por cuarta vez que ya sólo nos quedaba una subida. Como en "El día de la marmota", subimos en los siguientes kilómetros otras 12 cuestas pero él no se venía abajo.  Para nada.  Como si fuese la primera vez, de nuevo proclamaba orgulloso: "-Tras esa curva, bajamos por un sendero de pinos y a continuación nos encontramos con la última subida.-" Callaba durante unos cientos de metros y luego volvía a deleitarnos con su voz para anunciarnos una nueva última subida. Después de que un corredor con malas pulgas le arrojara por una ladera no volvimos a saber de él. Estoy seguro de que encontraría algún otro grupo al que proclamar orgulloso su vasto conocimiento de la zona. 

Mientras tanto Luis no paraba de promocionar su Desafío Stage que se celebrará los próximos 1, 2 y 3 de mayo en Medina de Rioseco, probablemente la mejor carrera por etapas que se pueda realizar a nivel internacional. Según técnicos de la IAAF viene a ser como realizar los tres maratones por excelencia juntos: Berlín, Londres y Nueva York. ¿Aún no te has inscrito? ¡Vamos que se te acaba el tiempo! http://www.yomaranevents.es/desafio-stage/

Cuando las fuerzas comenzaban a flaquear entró en juego un nuevo contratiempo: el barro. Muchos pensaréis que es una mera excusa. Este pensamiento va unido a los que tienen una talla de calzado que no supera el 43. Los que usamos tallas más grandes, en mi caso un 12 americano, sufrimos de un mal que raya la obsesión. Hacemos acopio de barro en nuestras suelas como si se fuera  a acabar el mundo. No le puedo poner una cifra al peso de cada pie pero puedo asegurar que lo que tenía por zapatos eran dos coches de choque, incluso un miembro de la organización llegó a llamarme la atención en términos tales como que dejara algo de barro para los demás, que todavía quedaban muchos corredores detrás de mí. Algunos participantes indignados me abucheaban a la vez que yo intentaba poner distancia pero la carga era demasiado pesada.
¡Lo que es la vida! Cuando acabó la carrera, en la zona de meta había voluntarios sirviendo sopas de ajo, caldo, etc.  y tal era el ansia de todos los participantes que aunque yo cogía las sopas de tres en tres y guardaba golosinas a puñados para el niño, nadie se tomó la molestia de perder unos segundos para llamarme la atención.



Para finalizar nos tenían guardada una sorpresa, a falta de unos trescientos metros de la meta nos hacen pasar por debajo de un puente, sólo que no era un puente. Nos decían que tuviésemos cuidado con la cabeza. Yo esperaba que el paso tuviera cuando menos una altura de un metro ochenta pero parecía, más bien, la entrada a la madriguera del conejo blanco de Alicia. Lo pasé casi a gatas y en cierto modo entré en El País de las Maravillas: después de la línea de meta entré en el pabellón y ¡oh!, sorpresa, había un grifo de cerveza. "-Nada mejor que unas cañas para regular el pH-" me dije. Sin separarse del barril se encontraba mi amigo Luciano. Pedí dos cervezas y guiñando un ojo dije a la voluntaria que las servía: "-Habéis metido al zorro en el gallinero". 

Después de acabar la prueba cambió mi visión de estas pruebas. Un trail de montaña es una carrera como otra cualquiera en la que al finalizar además de lavar la ropa utilizada, tienes que, y aquí reside la principal diferencia, lavar el calzado y que además te deja los tobillos y los cuádriceps como una enmienda de la oposición. 


Bueno, pues hasta aquí puedo leer. Voy a entrar un rato al Facebook para comentar las fotos de mis amigos: "Guapos no, lo siguiente".

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