domingo, 12 de julio de 2015

Vicentico Triatlón Rioseco

De cada 10 triatletas que comienzan un triatlón olímpico, 3 son... el 30%. Y si de 100 inscritos, 1 de cada cuatro son Tripis... el espectáculo está más que asegurado. 

Es temprano y por la zona de boxes hay muchas dudas sobre la utilización del traje de neopreno. Esta decisión la toman los jueces en función de la temperatura del agua y de la distancia a nadar. Los participantes iban preguntando si se podía utilizar, mientras yo me ocupaba en elucubraciones más elaboradas y profundas: "Si el triatlón es nudista te quitas el mono. Que no es nudista: sugieres, pero no enseñas"
La salida fue lo más parecido a cuando estás en la caja del Lupa y, ante la acumulación de personas, a la cajera se le ocurre decir eso de: "Por favor, pasen en orden por esta caja". ¡Los huevos en orden! Aquí afloran las actitudes humanas más bajas. El "usted primero, por favor; insisto; que no llevas nada, pasa tú; nunca antes que usted; ..." brilla por su ausencia. Con perdón de gays, más valdría decir a la susodicha,  con aire despreocupado, a la vez que mete la llave en la cerradura del cajón y teclea el código secreto, algo como: -"Maricón el último".

Suena la bocina y tras la estampida inicial intenté poner en práctica todo lo que este invierno he ido asimilando: la fórmula correcta de la técnica de natación. Después de nadar como un panoli durante muchos años, decidí fijarme en los más grandes: Tales, Aristóteles o Newton. Cogí lo mejor de cada uno y al final me di cuenta de que, como dijo Mozart, las notas están ahí, sólo hay que ponerlas en el orden adecuado. Llegué a la conclusión de que todo número multiplicado por sí mismo, experimenta un empuje hacia arriba igual al volumen de los cuadrados de los catetos. Total que después de tener en cuenta la cavitación, la fuerza centrífuga y la desviación del eje, sigo nadando como siempre. Triste, sí. Frustrante, también. Pero..., qué le vamos a hacer. Esto es como los coches. Unos gastan cinco litros y otros ocho. 

Codo alto. Codo alto.


La bici fue intensa. 40 kms a rueda de un tipo que no te pedía relevo. Es más, si se lo dabas, le debía bullir algún tipo de veneno por el cerebro y se cabreaba. Apenas unos metros después te lo devolvía cinco Km/h más rápido. Si el tipo miraba para atrás, el resto bajábamos la vista intimidados. Una vez incluso se rió. Era una risa que sólo esperarías escuchar al otro lado de los barrotes de un manicomio. Los cuatro que íbamos detrás llegamos incluso a utilizar la violencia física si a uno se le ocurría dar un relevo.  
Montamos guardia entre nosotros y si nos alcanzaba alguien por detrás (raro) y en su inconsciencia tenía el afán de colaborar, rápidamente lo impedíamos mediante imprecaciones complejas, fruto de no poca reflexión. Lo que salía por nuestras bocas no eran precisamente cumplidos. Era él o nosotros. 

Cadencia.


Después de bajar de la bici comencé la carrera a pie con una sola idea: mucha calma. La temperatura ha ido subiendo mucho desde que salimos del agua. Las ondulaciones del calor en el camino hacían de los pies de los corredores algo onírico. Van pasando los kilómetros y en mi talón izquierdo se forma una ampolla con la que mantengo una entretenida conversación durante los últimos tres kilómetros. 
A que jode, eh?
- No. Apenas te siento. 
+Toma picotazo. ¿Qué tal ahora?
-(Entre lagrimones) Buah!, ni me he enterado. 
+Los triatletas estáis hechos de otra pasta, no?
-Qué va. Somos gente de lo más normal, eso sí,con mucho autocontrol, disciplina y capacidad para manejar situaciones complicadas. 
+¿Y cuántos años....?
-¡CÁLLATE. MALDITA PUTA! 

Entré en la meta de la mano de Pablo y me descalcé. Incluso subí a recoger mi premio como primer local en la categoría veterano 1 descalzo. (Éramos dos y el otro se cayó con la bici, no vayáis a pensar mal). 

¡Cenicineta con un 46!

Con tanto Tripi como hubo cabe destacar la brillante actuación de Naila y de Eva. Qué abrazos! Qué manera de comer pan! Qué pasitos más precisos! Más bien dados! Qué caras tan rojas al hacer popó!  Qué disputas por el chupete! 


Pues esto es todo. Después del palizón, nada como sentarse a descansar unas cuantas horas en mi sofá de menospreciar. 
-Tiene pinta de ser cómodo- me dice Pablo
Sabrás tú!-. le contesto. 

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