lunes, 30 de noviembre de 2015

Maratón DonOstia

Para intentar llegar a más gente voy a camuflarme bajo un nuevo nivel: "Comentarios chonis de Facebook". 

Donostia Maratón. Sin más preángulos vamos a la carrera.  Después de un par de meses de entrenos y una última semana comiendo pasta y canalones, hemos llegado a la ciudad donde un pincho vale como un menú del día. Se nota que aquí nadan en la ambulancia; eso sí, el hotel nos salió bastante barato porque lo cogimos con mucha alteración. ¡Oso, ondo. Oso, ondo! 

Me pongo las medias comprensivas y los manguitos para el frío. Cerca de 3.500 maratonianos tomamos la salida en las inmediaciones del estadio de Anoeta.  Con tanta gente no tarda en llegar el primer trompiezo con un participante que me se cruza. Me sienta mal y en cuanto puedo le pago con la ley del talón. ¡Oso, ondo. Oso, ondo! 

Los primeros kms se suceden un tanto complicados junto a la liebre de las 3h15'. A su lado habemos mucha gente, entre ellos los otros Tripis, el Nando y el Mauri. Cada vez semos más y decido adelantarme unos metros para ir tranquilo cuando me se plantan tres tipos delante impediendome el paso. Uno de ellos lleva una pierna a lo Forest Gump con un armazón metálico. Comienza a relatar su vida a la liebre pero en un tono de voz que bien se lo podía estar contando a  alguien con el tímpano como su pierna. Que si tiene un pie cortado, que si lleva 25 maratones. Que si su mejor marca era 2h15, pero así, sin más. La liebre ni siquiera lo miró. Creo que su intención era que todos nos pararíamos a darle un abrazo. Por si acaso me salí hasta la acera y puse un poco de distancia. Luego en la meta, vi que fue embestido como el mejor cojo. ¡Oso, ondo. Oso, ondo! 




Pasan unos plácidos kms recorriendo la playa de la Concha, el ayuntamiento que gobierna Bilbo, y calles muy, muy complicadas de pronunciar. ¡Pobres carteros! Donostia por aquí, Donostia por allá, el pequeñajo, a sus 7 años, se ha pasado todo el fin de semana adaptándose al medio:
"- Mira lo que pone allí papa: Donostia. Jajaja. Mira cómo se llama esa tienda: Donostia. Jajaja. Mira...." Se ve que ha heredado la madurez de su padre. 

Demos la primera vuelta y desaparecen los participantes de la media maratón. Tengo ganas de mear. Pensaba no parar en toda la prueba pero mi tanque está lleno. Tengo que pasar al plan ve. Entro en el baño portátil y me  encuentro con una portuguesa con las mallas por las rodillas. Debido a la historia de este país y sobre todo a su pasado colonial con Brasil, enseguida dibujé unas bellas ingles brasileñas. ¡Los huevos! Parecía un cajón lleno de cables  de walkman. Me meto en el de al lado y compruebo los efectos de las cuatro peores cagaleras sufridas por una misma persona en su vida. Esto me lleva a pensar en dar un giro a mi vida. Necesito cambiar de aires, así que salgo huyendo y compruebo que me se han ido todos, la liebre, el Nando, el Mauri y el pirata Patapalo. Hasta el km 30 no los alcanzo. ¡Oso, ondo. Oso, ondo!

Me tomo un gel. Si sigo así voy a acabar con diabetis. Uno de los álbitros me invita a ponerme el dorsal por delante o si no cuando llegue la prologa me meterá en la cárcel con los asesinos y los pediatras. 


Se acerca lo bonito de los maratones: el Km 33, con su muro, sus calambres y sus cosas. En una ocasión leí que, a una participante que llegó al km 33 virgen e inmaculada, le tuvieron que practicar una necesaria de la que se obtuvieron dos lindos gemelos. Aquí, en Donostia, lo máximo que vi fue a un catalán con una estelada en la frente sufrir un cólico frenético porque se le cayó un gel y se lo pisaron. Ante el despilfarro comenzó a pedir geles en castellano y, claro, el uso de esta ignominiosa lengua le afectó al riñón. 

Los últimos kms fueron espectaculares. ¡Qué manera de animar! ¡Oso ondo. Oso ondo! Los pelos de punta. Aunque parezca de ciencia afición  llegué a ver a ¡un ciego!  animando que, con sorna y entre ososondos, decía: "-Nunca antes había visto tanta gente junta".

Por el km. 39 me llegó un expreso procedente de la estación Campo Grande, el Mauri. ¡Qué fortaleza! ¡Cómo acabó el tío! Me intenté pegar a él y en dos kms adelantamos a más de 50 corredores. Ya cerca de la meta le dejé marchar. Me decía a mí mismo: va pa qué, que se vaya. No me importa. 

Nadie ha conseguido una foto de frente. Ni Putin


Entré en 3h 15' y…otro maratón más.  Creo que hay pocas cosas inalcanzables en esta vida. Lo único que necesitas es proponértelo. Yo veía inalcanzable hacer un maratón y ya van 4. A día de hoy creo que solo hay una cosa inalcanzable en mi vida: Esa puta moneda de dos euros de mierda que se cayó en el coche, en el puto hueco de mierda del asiento, donde se ancla el puto cinturón. .

Y para acabar nos fuimos yo, el Nando, la Yoli, la Marijose y el Pablo a por un  menú de sidrería. El menú es para dos pero lo pedimos para cuatro. La camarera nos mete el miedo en el cuerpo: "- Igual es escaso. La chuleta ya me la como yo sola." Por si acaso pedimos unas mondarinas. Acabemos dejando la fuente de las patatas, un trozo de chuleta y una tajada de bacalao y eso que la chica se pasó media comida: ¡Oso, ondo. Oso, ondo! 

Pues hasta aquí ha dado de sí el año. Habrá que hacer alguna carrera de navidad pero de momento me voy a mi cámara hiperbárica hasta la temporada que viene. ¡Oso, ondo. Oso, ondo! 


No hay comentarios: