domingo, 26 de marzo de 2017

Duatlón Laguna


El año pasado comencé la primera crónica con las palabras "Dicebamus hesterna die". Creo que me adelanté. Si hay una crónica que merezca emular a Fray Luis de León en su primera clase tras sus buenos 5 años en prisión, es ésta. 

Después de haber pasado por meses de una falsa celiaquía, sufrir la helycobacter pylori, sobrepoblación bacteriana, una obstrucción intestinal, duodenitis, y, finalmente, tener que sumar a mi intolerancia a Pablo Iglesias (muy parecida a la que sufre Errejón), la intolerancia a la lactosa,  puedo decirlo con total propiedad: " -Decíamos ayer"

Todo esto me ha dejado cerca de seis meses como si fuese un juguete estropeado con un móvil en las manos y ahora cuido mucho la alimentación. Mucha gente fomenta el bulo ese de que los triatletas están obsesionados con su comida. Yo, con estos precedentes, intento cuidarla un poco, pero... ¡tanto como obsesión! La próxima vez que oiga a alguien decir eso le tiro a los ojos los 117 gramos (1,33gr/kg de peso) de quinoa de la cena.

Pues, como si estuviera en una terapia de grupo tipo AA, me presenté en la línea de salida: 
"-Hola a todos. Me llamo Huang Lu y llevo 211 días sin correr". 
Todos contestaron al unísono: 
"-Te queremos Juan Luis"
Minutos después me tiré al barro y mi premio-moneda, el de los 200 días de abstinencia, fue a parar al lago. 

Había muchiiiiisimos  compañeros del Tripi y como todos los años a estas alturas algunas caras nuevas. Somos un equipo que en el box ya es conocido por nuestra veteranía (bien entendida, claro está). Aunque luego, de puertas para adentro, nos preocupemos más de la osteoporosis que de las roturas musculares; la depilación de las piernas pasa a un segundo plano para ocuparnos de los pelillos en nuestras orejas y nuestro doping apunta más a la viagra que al EPO. Yo, personalmente, soy feliz si consigo dormir de un tirón sin tener que levantarme más de dos veces al baño. 
La primera vez que fui desde la discoteca hasta casa sin pasar por comisaría me di cuenta de que me estaba haciendo mayor y, esto, queda ya muy lejos. 

Intento salir con mucha calma y muy atrás. Miro el reloj y en el primer km ya estamos tocando las narices, a 4' el mil. O el nivel sube tres peldaños cada año o este reloj está para tirarlo al lago. Yo que pensaba salir más cerca de  los 5 que de los 4' y aquí estoy quemando mis naves y el último. 

Monto en la bici y estoy más cómodo que en la carrera. Tiro para intentar alcanzar a un grupo pero pegados a mi van dos parásitos cuyas intenciones de dar relevos son nulas. Exploté: 
"-Venga, coño, pasad alguno delante que ya está bien!!! 
Uno se negó rotundamente y en un discurso muy bien elaborado y argumentado me explicó las bondades de ir a rueda cuando el viento pega de cara y que esa comodidad era para él muy principal y que permanecería donde estaba hasta que se acabara el mundo si era menester. 
El otro no fue de mayor ayuda. Debía de ser físico o astrónomo y se limitó a aseverar que ese hecho, el fin del mundo, era muy improbable que sucediera en los próximos minutos; que científicamente se espera que llegue en unos 5.000 años y consistirá en una expansión de la estrella Gigante Roja durante el fin de la secuencia principal solar.  Y así se me pasaron los primeros kms de ciclismo. Como nos alcanzó Félix y en oratoria no iba a estar a la altura de estos dos sujetos opté por lo más fácil. Les dije que os den por culo y pegué un arreón dejándoles atrás. Pero como decía Cervantes, Félix iba  cuesta arriba tan a prisa que no le alcanzara un galgo, así que me quedé a unos metros detrás de Mauri y me dije quieto aquí.

¡¡El fin del mundo se acerca!!


Con el corazón en el boca inicio el último sector y la falta de competición, de entrenamientos, de lactasa, de dinero y de cabeza  pasan factura. A lo lejos veo a Gonzalo, tiene problemas y va andando: "-O finalmente ha acabado por perder por completo el norte o se ha lesionado". 
Con la esperanza de que fuera lo más improbable, lo ultimo, me acerco a él y con mucha mano izquierda para evitar una reacción violenta le espeto:
"-Qué, finalmente te ha reventado el cerebro?" 
"-Avisa a un cura"-me respondió mientras franqueábamos el arco de meta. 

Si hay algo que nos gusta a los triatletas es maquillar la clasificación y buscar el dato más propicio a nuestros intereses. También pasa con los runners. Es muy común eso de "he quedado segundo en mi categoría". Para los neófitos estos datos son motivo de asombro, pero los que estamos dentro sabemos cómo se las gastan estos impostores: "Ha quedado el 97 y en su categoría estaban él y otro". Y es que, si sumamos masculino, femenino, junior, absoluto, veteranos 1, 2 y 3, nos sale que de los ciento y pico participantes de media, hacen cajón unos 30. Y es que quedar 2ª en la categoría de veteranas 1 y hacer 6ª en la general con 24 participantes de tu misma categoría, no es lo mismo que 2 ª Vet 1 y 89ª en la general y que corran 3 en esa categoría. 
Pues, tras la carrera, ante el aluvión de ¿qué tal la carrera? preparé a conciencia mi impostura: 
"-De Puta madre. Entré con Gonzalo". 
"-Uy qué bien. ¿Estarás contento?".
"-Buf, ya te digo".  

¿Dónde está HuangLi?


Después se hizo la foto del club pero la próstata impidió mi posado. La edad es lo que tiene. Me voy a abrigar no sea que me coja un frío de estos. 

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