lunes, 3 de julio de 2017

Tri por equipos Las Moreras

Cualquier competición por equipos exige que cada componente aporte lo mejor que tiene, incluso a veces, que deje de brillar, en busca del beneficio del grupo. En nuestro equipo, que no iba a ser menos, todos teníamos que encontrar nuestro papel. 

Éramos 6 los componentes del equipo 46: Chave, David, Miguel, Diego, Rubén y yo. Conformábamos el último de los que presentó el Triatlón Pisuerga a pesar de que los 6 somos reconocidos triatletas del panorama internacional. Por ello decidimos no hacer un feo a los responsables y nos metimos en nuestro papel de malos. ¿Y qué mejor que asumir cada uno, uno de los 7 pecados capitales? Como éramos solamente 6 hicimos de la lujuria nuestro pecado común. Fue el más fácil y no supuso ningún esfuerzo. Solo nos dejamos caer por la pista de vóley playa y hasta aquí puedo leer.... ¡Qué no, venga! ¡Qué lo cuento! 

En la actualidad, en los pantaloncillos cortos, es costumbre dejar ver el hemisferio sur, aunque se tiende a llegar prácticamente hasta la línea del ecuador.  En la pista de vóley no tiene sentido hablar de hemisferios; lo correcto es tomar como referencia el planisferio. Si tomamos como punto de partida (siempre viendo el mapa por detrás) la raja de Greenwich desde el ecuador hasta el Polo Norte y pintamos de negro un triángulo isósceles que tapara las Islas Feroe por un lado y la costa más occidental de Noruega por el otro, tendríamos algo muy parecido a la vestimenta de las chicas del vóley. A cada salto que daban para sacar, la placa del Pacífico provocaba terremotos cuyas ondas sísmicas se propagaban hasta nuestros ojos. 




Para no dañar más nuestra imagen omitiré dar nombres aunque lo mejor sería dejarlo aquí. 

La envidia. El componente 1 dejó patente su papel desde el mismo momento que llegó al box. No paraba de mirar las demás bicis. Todas le parecían mejor que la suya. Hasta me preguntó por mis gafas de natación que por más que intento regalarlas en la piscina nadie las acepta. Incluso en una ocasión un sujeto que atacado por el cloro traía los ojos rojos como demonios porque había olvidado las suyas me las rechazó sin ambages: "-Nunca me pondría esas gafas, caballero. Prefiero la muerte a espadazos."   En dos ocasiones que las intenté olvidar en los vestuarios, los operarios municipales, que no destacan por su celo precisamente, me las devolvían con una sonrisa burlona: "Te dejaste tus gran angular, cualquier día las pierdes, ten más cuidado, campeón." 
Diego tuvo problemas con las suyas y le ofrecí unas que tengo de repuesto exactamente iguales. Espartano, austero y amable rechazó mi ofrecimiento: "-No te preocupes, si tengo que nadar sin gafas lo haré; puedo nadar perfectamente con un brazo y sujetar las mías rotas con el otro. Si me canso arriesgaré mi salud ocular si es menester. Por nada del mundo pondría en riesgo tus gafas. ¿Y si se me pierden? o peor aún, ¿y si me atacan los tiburones?" 

No hay duda de quién lleva unas gran angular

Ira. La organización, que estuvo de diez, no fue del agrado de los que no tenemos práctica en tirarnos de cabeza, al poner la salida de la natación desde un pantalán. El componente 2 que recelaba de esa forma de salir y tenía ínfulas de delegado sindical, tomó la palabra: "-Formemos una turba enfurecida y destrocémoslo". Y lo hubiera hecho si no hubiéramos estado atentos el resto para apaciguar los ánimos. Solo conseguimos apagar el fuego bajo la firme promesa de que los bomberos (organizadores de la prueba) serían obligados a firmar una cláusula suelo. Ya veía yo al director del banco brindando: "-Gritad conmigo chicos: ¡Hurra por los intereses!". Y no fue para tanto, incluso yo, con mis gran angular, no tuve problemas en la zambullida, a pesar de la expectación despertada en el público que esperaba ansioso verme parar para colocar mi careta de soldador. En los giros, donde se producen los amontonamientos quemó sus últimos conatos de ira dejando a tres participantes de otro equipo sin gafas y a uno de ellos le ató a la boya. 

El Componente 3 aportaba la Gula. Nos sorprendió al resto, que no llevábamos nada de alimento, con una deconstrucción de geles magnésico-potásicos en su cama de frutos secos y tempura de quinoa. Los demás protestábamos que solo era una hora de prueba y que no perdiera el tiempo en aportes innecesarios pero él se quejaba de que le íbamos a matar de hambre y que se negaría a dar una sola pedalada si no respetábamos su irrevocable decisión de comer como si de un ironman se tratara. 

Soberbia. El componente 4 no estaba a gusto con el equipo que le había tocado e intentaba hacernos de menos. En cuanto un equipo nos adelantaba en el sector ciclista se pegaba a su rueda para soltar su perorata: "-Yo voy con estos paquetes porque me apunté tarde. Yo soy del equipo A. En el tri de Grijota quedé 2 de mi categoría. El presidente me tiene manía....". Cuando atisbaba a un juez se dejaba caer de nuevo y tras unos kilómetros en nuestro grupo volvía a repetir. 

Avaricia. 
Iniciamos la carrera a pie. 5 km. Había muchos equipos por el camino y el componente 5 hacia sus cábalas: "-Si adelantamos a esos, y luego vamos a por los siguientes, nos quedaremos con sus bicis".  "-Pero no podemos hacer eso. Nosotros ya tenemos bici- le decíamos. Él no escuchaba: “-Y también sus cascos, sus zapas, sus Acuarius. Lo quiero todo. Muhahahahaha!”. Tuvimos que parar para obligarle a oxigenar el cerebro hasta que por fin reaccionó: “Si muero en el sprint final, a ti envidioso, te regalo mi portadorsal; a ti ansioso, mis geles y mi bidón; para ti, soberbio, mi pódium en Calasparra; para mi compañero airado dejo mi pelota antiestrés; y para ti perezoso mi rodillo, ya no hay excusas si llueve para dar unos pedales.”



Acabamos en la posición 49. A un minuto de hacer honor al nombre de nuestro equipo, el 46. En un principio contentos porque entramos los 6 juntos pero poco a poco nos invadió la tristeza. Más tarde indagando por la red descubrí que en los inicios del cristianismo la tristeza era el octavo pecado capital, siglos después se la consideraría una forma de pereza. Así que triste y perezoso tuve que tirar de toda mi fuerza de voluntad para ir a trabajar. ¡Un domingo! Sufría de un desgano absoluto para el trabajo en todas sus manifestaciones. Además tengo que calafatear el neopreno por que hace aguas y, para acabar, deciros que casi olvido mis gafas en el box. Menos mal que un juez supo que eran mías. ¡Y eso que éramos más de 400!

Si me arreglas el neopreno te regalo unas gafas.

4 comentarios:

Jesus Ramon Caño dijo...

jejejeje esta muy bien, te lo has currado

Anónimo dijo...

Qué divertido,enhorabuena seguro que lo disfrutasteis

Juan Luis dijo...

Muchas gracias. Vosotros sí que os lo currasteis. Enhorabuena.

Juan Luis dijo...

Gracias. Me alegro que te haya gustado.