martes, 18 de julio de 2017

Tri Toro

Cuando vemos en las noticias que viene una ola de calor africano nos echamos a temblar. Ha llegado la hora de que seamos nosotros los que infundamos el terror. Devolvamos a los subsaharianos años y años de opresión por altas temperaturas. Se van a enterar éstos cuando vean en sus televisores que en los próximos días les visitará una ola de calor procedente de Toro que no les va a dejar ni ponerse el neopreno para sus triatlones. 

En Toro se prohibía el uso del neopreno, pero ¿para todos? No. Solamente a algunos ancianos, como medida de gracia, para evitar la vergüenza y la mofa del resto con los escapes de orina, se les permitía su utilización. Entre el grupo de ancianos había uno con una pitera por la que asomaba un pequeño chorro de orín delator. El resto, con nuestras fabulosas vejigas y unas próstatas envidiables, echábamos el pis del miedo en las aguas del Duero, calentando más si cabe, la zona de salida. 

Sobre el papel parecía un triatlón bastante asequible. 500 m de nado. 10 kms de BTT y 2'5 km corriendo. Llegamos con tiempo para ver el recorrido de bici y pudimos comprobar que de asequible nada. Allí nos topamos con unos emisarios de Ninja Warriors en busca de escenarios para la próxima temporada.  La organización tenía el circuito decorado con infinidad de señales de peligro por doquier: "Atención: Bajada peligrosa". "Cuidado: Subida pronunciada". "Perros sueltos". "Peligro de muerte". En la única zona que parecía llana y sin peligro situaron un aviso con la leyenda: "Danger: Suegras y cuñados viendo la carrera". En definitiva: era duro, muy duro. Había desnivel hasta en la natación. 

Iniciamos el primer sector en el Duero con mucha amplitud y mucho espacio. Esto me llevó a pensar en una natación tranquila y limpia. ¡Ay! Qué equivocado estaba. El caso es que fueron 500 mts de golpes. Y lo que más me molesta es que nunca identifico a los agresores. Solo veo gorros sin rostro. Mi búsqueda de culpables no da resultados satisfactorios. Eso sí, al salir del agua, salimos tres Tripis juntos. Mis manos en un estado de normalidad absoluta y las de mis compañeros rojas como tomates. Entre ellos se sonreían. Todo era alegría. ¡Qué club tan grande!

Te pican las manos, eh, Adolfo!


Me subo a la BTT y a los pocos metros me adelantan dos parkoures haciendo cabriolas. El camino tiene mucha piedra suelta, muchos socavones y de vez en cuando (gracias a algún socabrón bienintencionado) te topas con arena para tapar baches que te deja la bici clavada. Hay que dar 3 vueltas. En la información de la prueba señalan que tiene alguna rampa al 25%. No sé si llegaría a eso pero sí que se acerca, cuando menos, a mí IRPF. 

Prácticamente en el primer kilómetro invado el carril contrario y una zanja me impide volver al mío. Lo que yo creía que era un juez, me lanzaba con mucho tacto y delicadeza: "-27, o vuelves a tu carril o te descalifico yo. 27-". Le faltó añadir: "-Para chulo mi pirulo, 27". Luego me enteré que, aunque es juez, en esta prueba era uno de la organización. De haberlo sabido antes hubiera vendido mi alma al diablo porque mi dorsal fuera el trece o acabara en cinco. Mi capacidad de respuesta habría sido bien diferente. 
En la segunda vuelta adelanté en La Empedrada, la rampa más dura, a una cordada compuesta por cuatro experimentados alpinistas que intentaban llegar al campamento 1. 

Al 25%


Con los riñones hechos polvo me bajé de la BTT como si hubiera recorrido 400 kms e inicié lo más difícil de este Triatlón.  Y esto no era otra cosa que contar las vueltas de carrera a pie. Había más vueltas que kilómetros, algo difícil de ver. Oficialmente eran 3. No sé qué pasaría por las cabezas de los primeros corredores pero los jueces descalificaron a 5 participantes por acortar. Entre ellos 3 de los 5 primeros, incluido el ganador. 

De haber puesto más vueltas creo, sinceramente, que con mi cabeza, fría y calculadora, hubiera hecho podio. Inicié este sector con un juez dándome indicaciones: "-Dorsal delante". Me lo dijo de una forma tan convincente que protegiéndome la cabeza le contesté: "-No. No me pegues".

Recorrí lo que parecía un sinfín de idas y venidas por el arco de meta. Eran tres vueltas pero en cada una pasábamos tres veces por la misma recta. Así que la carrera se convirtió en un laberinto en la que contar pasos por meta era esencial. De tanto ir y venir me sentía como una partícula de Heisenberg en Ikea. Con todo esto llegaron las descalificaciones por acortar en el recorrido. Los tiempos cantaban. En el último sector algunos corredores bajaban de 3 minutos el mil y alegaban a los jueces no el típico "esto no es lo que parece" si no un novedoso "esto parece lo que no es". 

Ya me veía yo allí subido en lo más alto, recibiendo el trofeo de manos de Rubén, acompañado, por falta de supervivientes, por un miembro de la cordada y un parkour, mientras el resto de los participantes discutían con los jueces, protegidos por la Guardia Civil que intentaba poner orden y pedía refuerzos. Pero la realidad era otra: Adolfo segundo en Vet I; Nando primero en Vet II; además de Javi, del triatlón Rioseco que, a pesar de salir del agua conmigo, o sea, muy atrás, remontó hasta la segunda posición en la general, si este chico nadará más...

Viva el vino de Toro


A la vuelta, con Nando premiado como mejor veterano II, le fui hablando de la próstata y los guantes de látex. No le debió sentar muy bien y se hizo un silencio incómodo. Para romperlo me entusiasmé: 
"-No hay mejor vehículo que las palabras"
"-Pues bájate del coche y vuelve a Rioseco en este diccionario- me contestó".
“-Pero...”
“-No. Ahora, te jodes."


3 comentarios:

PARAMO DE CASTILLA dijo...

Uyyyyy que insinuaciones, solo intentaba que tío de negro y sin gorro no me hundiera o me sacara de la línea recta que había marcado entre la salida y la boya y la boya y la salida del agua.

Juan Luis dijo...

Imagino que eres Adolfo. Ya sabes que mis crónicas son surrealista.

PARAMO DE CASTILLA dijo...

Me encanta leer las crónicas, sobre todo si vienen del futuro. Grande