martes, 11 de julio de 2017

Triatlón Canal de Castilla

Quiero empezar la crónica mostrando mi más sincero agradecimiento a vosotros, lectores. En la última publicación ha habido un récord de visitas. No sé si tendrá algo que ver en ello la foto de cabecera. En ella se mostraban dos culos femeninos cuya disposición molecular rozaba la perfección. Esto dice mucho de vosotros  pero más aún de la calidad de mi prosa.  


Pero bueno, a lo que vamos. Llego de trabajar a las seis y media de la mañana y pongo el despertador a las 9, así que mis ojos están inyectados en sangre como si hubiese bebido hasta el agua de los floreros. 

"-Hace que no corro un triatlón ni me acuerdo"- le digo al aire. 

Mi mujer, medio dormida, balbucea: "-Pero si hiciste uno el domingo pasado. ¡Dios mío! Este maldito Alzheimer nos va a consumir a todos".  


Preparo todo el material mientras voy despertando y resulta que llego el primero al box (qué ganas de decir esto en una crónica, no lo he podido resistir). Con lo bien que me venían esos cinco minutitos más en la cama. 


Natación: Gorro amarillo, boyas de giro amarillas. En fin.... porque no soy capaz de nadar más rápido que nadie si no cualquier día doy el giro en el gorro 224. ¡Anda que no habrá colores! Si les pasa como a mí que sólo conozco 7 que vayan con mi mujer de compras y descubrirán el maravilloso mundo de los colores infinitos.  ¿Por qué no poner gorros azul de Prusia y boyas amaranto? O ¿por qué no unas boyas zinc con unos gorros cerúleo para ellas y amarillo indio para ellos? 

Salida limpia. Ninguna colleja, hasta la boya amarilla. Aquí apareció a mi lado un sujeto con el síndrome de Cousteau. El síndrome de Cousteau es una afección que quien la padece sufre una pérdida de agresividad y un aumento paulatino de interés por la oceanografía. Cuando se puso a mi lado me dio, yo le di. Me respondió un poco más suave, le respondí un punto más fuerte. Me rozó, le estampé. Me sopló y.... le saqué su espíritu biólogo marino. Su pasión pudo más que su afición por el Triatlón. De repente perdió todo el interés competitivo  además de sus gafas y paró para observar el fondo marino. Debió de presenciar ejemplares de nuestra fauna autóctona de relevancia: una raya o un hipocampo. ¡Qué sé yo!


Más tarde, casi acabando el sector de natación apareció un tipo que debía de estar huyendo de alguien. Y debía ser la cosa de no poca importancia. Creo que le estaban disparando porque no paraba de avanzar en zigzag. Tan harto me tenía de que se cruzara que me paré para presentarle mis respetos verbalmente. Le dediqué unas dulces palabras para las que tuve que tirar de todo mi poder de contención, ya que, ante todo, somos personas civilizadas. Mi mujer que estaba cerca me reñía pero no creo que sea tan grave decirle a un fugitivo  hijodelagranputa.  


Ciclismo. Me encuentro bien y con fuerzas. Se va haciendo una buena grupeta. Queda muy bonito eso de la grupeta y tal. Cuando lo decimos parece que somos del Rabobank. Pues, permitidme que os diga: ¡Los cojones! El 80% de los triatletas no tenemos ni pajolera idea de ir en grupo, ni sabemos entrar a dar relevos y a otros pocos, como a mí, nos cuesta hasta coger el bidón. Y lo peor de todo: somos un peligro para nosotros mismos. Por el bien de todos hemos de ser más prudentes. Competitivos sí, pero guardando un cartucho. Como esos conductores temerarios que luego, al aparcar, pliegan los espejos.

Pues tal era la grupeta que a falta de 4 kms. uno se fue al suelo y como íbamos muchos Tripis, por estadística, nos tocó. Así que pusimos en marcha lo que se decidió en la asamblea y paramos tres del equipo para tranquilizar. No pensaban lo mismo nuestras esposas que en línea de meta esperaban de los nervios para saber quién era el afortunado. Raúl en seguida gestionó una ambulancia. Kaly hizo de todo como en él es habitual y yo en un alarde de profesionalidad y de respeto a la víctima no dejé pasar la ocasión de leve mareo que sufría y aprovechándome de ello  avancé el índice de mi mano derecha: "-Venga tío, tira del dedo, rápido".  Espero que lo que eran raspones hayan quedado solo en eso. 



Carrera. Tras la ambulancia y ya sin ningún ánimo de competir, tranquilizamos a nuestras señoras, colgamos las bicis y acabamos la carrera a un trote suave. 


También, quiero aprovechar la ocasión para decir al propietario del dorsal 234, que el mismo está en mi poder. No sé si guardará los  dorsales de las pruebas en las que compite. Yo lo hago y sé que es una putada encontrarte con un pequeño vacío, como si hubieras perdido un diente. Tranquilo, yo lo tengo. No tienes que sufrir más. Si en un plazo de 48 horas no me haces entrega de 10 de los grandes en la próxima foto que veas de él desaparecerá un número. Y así cada 24 horas. Demuéstrame que quieres a tus dorsales. 


Y nada más. Que acabamos comiendo en el parque todo el equipo justo el día que había decidido ser vegano. El olor del chorizo me lo impidió. ¿Qué le vamos a hacer? 



2 comentarios:

Jesus Ramon Caño dijo...

jajaja que bueno. pero como el de moreras imposible. Lo calvaste tio. Nosotros los bomberos que estamos preparando el circuito desde el viernes estamos viendo a las niñas del voley. Y nos entran los siete pecados capitales, todos junto. Por cierto tengo tus gafas de natación, en la próxima prueba te las llevo

Juan Luis dijo...

Pues demasiado bien os salió la prueba con esas distracciones.