martes, 15 de agosto de 2017

IV Desafío Castilla y León

Llegó una nueva edición, la IV, del Desafío de Castilla y León, y, con ella, mi cuarta participación, aunque en esta ocasión me caí de la Tierra Media e hice el de distancia Madrid (casi olímpico).
Mi actuación comenzó el sábado haciendo de guía del circuito de ciclismo. La quedada se organizó a través de la red y como no conocía a los asistentes intenté que me reconocieran fácilmente: "-Estaré en la puerta del polideportivo. Me llamo Juan Luis y mido 1'90. Peso 87 kg -puse en la red social-. Imagino que os identificaré por llevar un metro y una báscula."  Se presentaron cerca de una docena de triatletas y pasamos una agradable mañana de recuerdos de participaciones en maratones, ironmanes, ultramanes y desmanes. Un compañero de Cádiz me contaba la dificultad que tiene para sacar tiempo dedicado a preparar estas pruebas tan largas. Intenta hacer todo lo posible para no quitarle el tiempo a su familia. Refería que en su último Ironman, para compensar, al entrar por meta, orgulloso y extenuado, se colgó la medalla de Finisher, besó a su mujer y le dijo: "-Pues ya he llegado. Hoy me encargo yo de los niños. A ver ¿cómo se llama éste?-"

Amaneció un domingo frío y me acerqué con mucho tiento al box, esperando la emboscada del cuidador del campo de fútbol. ¿Con qué nos sorprendería este año? Para los neófitos podéis consultar crónica del año pasado aquí. La tensión se mascaba en los más veteranos pero quizás ésa fue su sorpresa: la tensión.

Mi amigo Fran, sin perder de vista los aspersores, miraba mi bici: "-¿La has repasado?" Yo, bajando la vista al cambio trasero respondo: "-Eso es indiferente. La bici está perfecta y así va a estar hasta la hora de la carrera. Tengo demasiada experiencia para saber esto. Luego ya, cuando comience la competición, el cambio se empecinará en no subir o en no bajar".

Son ya las 8 en punto y me dirijo hacia las aguas del canal. Hay un poco de jaleo buscando a un triatleta justo antes de la salida del Medio. Los jueces piden por megafonía que salga del agua el triatleta 147 por que no lleva puesto el chip. Estuvieron un buen rato llamando pero no apareció. Más tarde me enteré de que era un portugués y que su madre, en un acto heroico, le había pegado un tiro en la pierna cuando éste intentaba meterse en el agua sin haber esperado las tres horas de la digestión. Le salvó la vida y evitó la catástrofe. Luego le montó en su carrinha, cargó su bicicleta en el maletero y, sin perder un minuto, tomó la carretera de Salamanca para cruzar la frontera de Fuentes de Oñoro y dejar la herida en las manos de los galenos lusos. 

Putas gafas!!!
Me meto en las aguas del canal. Mi estrategia la llevo muy estudiada. Voy a ir por todo el medio del canal, se pongan los jueces como se pongan. Estoy harto de broncas, magulladuras y cicatrices. El ultimátum de mi mujer no tiene nada que ver en esto. Comienza el tiroteo y... ¡bingo!  Ni un solo golpe, es más, ni una sola salpicadura. Así, llego hasta la mitad del recorrido donde un juez me recibe: "-Por dentro de las boyas, triatleta." Ha llegado el momento y tiro de estrategia: "-Mi no entender". Mi gozo en un pozo. En apenas un segundo tira al suelo días y días de trabajo: "-Anda Juanlu, deja de hacer el gilipollas y vete por dentro de las boyas. ¡Y cambia de gafas, coño!".  Murmurando “putas gafas” fui completando la otra mitad por dentro de las boyas. Ahora entiendo cuando los compañeros más veteranos me hablan de lo importante que es cuidar los pequeños detalles. Tomo una nota mental: “Para el año que viene cambiar las gafas. María José. Reyes Magos.” 
Voy a por la bici con la vista puesta en los 7 aspersores que me separan de ella. Ninguno se activa. Otra nota mental: “Preguntar a familiares por salud del cuidador del césped. Posible enfermedad grave.”

Cojo la bici, inicio un pedaleo monótono y constante sólo alterado por el sonido más bonito que se puede escuchar en este deporte. No me refiero a cuando el rival para, sacado de punto, para vomitar. Me refiero a la música celestial del rodar del carbono sobre el asfalto. Es una cosa maravillosa. Me recuerda a las películas medievales cuando los caballos de guerra inician la carga contra el enemigo.
Me permito el lujo de dar consejos a un par de triatletas a los que adelanto, como si yo entendiera de esto: “-Dobla el lomo que te vas comiendo todo el aire”. “-Cómeme no sé qué”- me respondió uno. Es lo que tiene ir bien y venirse arriba. Eduardo Punset, entre el público, hacia una disertación sobre la energía cinética y el momento de inercia del carbono rodante.

Qué foto más chula Susana

Me voy cruzando con mis compañeros del Tripi. Somos muchos. Qué gran equipo. Cuando empecé en esto del triatlón elegí el Tripi porque me gustó. Pero hace una semana sentí que me había equivocado de equipo. Iba dando pedales a unos 200 mts. detrás de la grupeta de rosa. Alcancé al grupo y comencé a hablar de las bondades de AutoMundo, Alejop, VinoTinto, Terra d’Uro, Ferrallas Gerardo León, Restaurante Piedras Negras…   Hartos de mí, se dieron la vuelta y me dijeron sin contemplaciones: "-Pero a ver, ¿tú quién coño eres?". Me quedé blanco. No eran ellos.
Termino el sector de bici. Salgo sin tener muy claro qué pasillo tomar y acabo pasando cuatro veces por la alfombra que lee los chips. Marcos, el Señor de los Chips, alucinaría con mis tiempos. Paso por los avituallamientos llenos de voluntarios animosos y miopes que no paraban de llamarme guapetón y después de más de 2 horas y cuarto atravieso el arco de meta, justo en el mismo momento que en la puerta de urgencias del Hospital de Coimbra un joven de 32 años era recibido por los médicos con un disparo en la base del quinto metatarsiano.  



Veo a Kaly que se acaba de bajar de la bici e inicia la carrera a pie. Los demás corredores llevan cara de circunstancia pero Kaly parece el tío más feliz del mundo. Se acerca más y veo el porqué. Lleva un sándwich de Nocilla. Nada de geles, barritas, ni mierdas. ¡Nocilla! Felicidad dentro de pan. Aunque estoy acabando, creo que voy a parar 5' la crónica.
(5 ' después) Cómo me he puesto. (Cojo una servilleta y limpio la tecla espaciadora. Tiene una mancha marrón).

Voy a recoger la bici al box. Hay mucha gente esperando. Detrás de mí llegan dos triatletas vascos: “-Qué cola más larga-dice uno- El otro atacado por el golpe de calor y pensando en alto responde: “Si me dieran un euro cada vez que he escuchado esas palabras”.   Nota mental: Evitar ducha con los del mono verde y negro. 

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