martes, 13 de febrero de 2018

Duatlón MD Numancia

El otro día estuve viendo Espartaco y me entró una mala leche que paqué. ¡Romanos! Total, que unas cosas llevaron a otras y acabé inscrito en el Duatlón de Media Distancia de Numancia. Para iniciar la temporada no está nada mal:  la semana más fría de todo el invierno, una distancia larga de narices, un viento previsto del copón y encima Campeonato de Castilla y León. 
Pero era necesario. Tanta inactividad me ha dejado triste. Como bien sabéis, uno de los aminoácidos esenciales incluidos en el código genético que se relaciona con la serotonina y, por ende, con la felicidad es el triptófano. Los científicos lo consideran  esencial, es decir, sólo se obtiene a través de la alimentación. Lo que no saben los científicos es que un isótopo del triptófano se puede metabolizar en un montón de pruebas deportivas, como por ejemplo, ésta de Numancia. A este isótopo se le conoce como tripi-tofano. Es mil veces más potente que su gemelo y más fácil de conseguir.
¿Tienes problemas para dormir? ¿Tu perro te ladra? ¿Todo te male sal? Alístate en el Tripi. Disfruta de dosis gratuitas de Tripitófano. Prueba nuestro fluido rosa.

Hasta Numancia nos fuimos Nando, Luis y yo en la flamante auto caravana nueva de Luis que tiene de todo. ¡Hasta volante! ¿Estás sucio? Ducha. ¿Tienes hambre? Frigo. ¿Tienes sueño? Cama. ¿Un apretón? Tigre. ¿Camboya? Nando.
Cuando llegamos (la tarde anterior a la prueba), no había ni romanos. Así que decidimos hacer la charla técnica de la carrera. Luis nos invitó a pasar a la sala de reuniones: puerta del copiloto a la izquierda. Allí urdimos cómo sabotear a los sorianos del Deporama para poder proclamarnos campeones de Castilla y León por equipos. Estaba todo perfectamente planificado, no había lugar al error:  nos meteríamos en la web de la federación y cambiaríamos  el domicilio fiscal del Deporama a Tabarnia. Pero llegaron Kaly y Nana y se opusieron vehementemente a que se vulnerara la ley. Hablaban de la honradez, los valores del deporte, del sacrificio, la abnegación, etcétera. Tuvimos que encerrarles en la sala Luisdemont (maletero al fondo y a la derecha) para seguir con nuestro plan.
Llegó la hora de la cena y Luis nos llevó hasta el comedor Carlos III, junto al depósito de gasolina. Cuando nos vimos obligados a desaflojar dos puntos el cinturón consideramos que era la hora de ir hasta el aula de audiovisuales para ver la final de fútbol sala en la pantalla gigante.
Mientras nos acomodábamos, Nando salió fuera a buscar un sitio tranquilo (ejemplo claro de eufemismo). Volvió con un par de kilos menos y una sonrisa en la cara. Al día siguiente vimos el cuerpo del delito en un solar cercano y una pintada: Aquí cagué yo”. Cuando, después de la carrera, le ves en el podio recibiendo su premio de campeón veterano II, con su porte de hombre respetable, objeto de admiración por parte de los demás, no paras de preguntarte: “-¿Qué es lo que ha fallado en el plan de Dios?


Nos fuimos cada uno a su suite y dormimos plácidamente.

a D. Comienza el ambientillo de carrera, las charlas con los amigos, las mentiras inveteradas (llevo sin rodar nosecuanto, estoy tocado de la rodilla, ayer me comí dos cuartos de lechazo, mi suegra ha estado toda la semana limpiando mi cabra y no sé qué pensar....), y entre unos y otros aparece Manuel Aceña, uno de los fundadores del Tripi y ahora en el Seler. Aprovechando la ocasión le pedimos unas aclaraciones sobre la Creación Rosa (no dejes de leerlo).

Ya en la salida los del Deporama intentan intimidarnos. Los cerca de 10 duatletas posan para la foto del equipo. Vaya si lo hicieron. Viendo los cuádriceps de sus miembros y miembras dije: -Aquí no hay nada que hacer, Luis. Nos  iremos orgullosos con nuestro subcampeonato.

Jodido de frío, sin saber muy bien qué ponerme no paraba de preguntarme eso de “¿quién me mandará a mí...? Aunque sé que dentro de unas 3h, cargado de Tripi Tófanos, lo que resonará en mi cabeza será me equivocaría otra vez”.
Salimos y lo de siempre, miro hacia atrás y sólo hay dos jueces y el de la ambulancia. Ya ni me inmuto. Que corran, que corran.... Si esto dura 3 horas. Ya alcanzaré a alguien, digo yo. Y si no, tendré que confiar en algún pinchazo o en la aparición de calambres.
Alguien entre el público se mofa de los colores del equipo y de mí: -Vamos campeón, que nadie te diga que no puedes ser una princesa. De la próxima asamblea no pasa. En el mono hay que meter más negro y algún dibujo de un mando a distancia. Esto es intolerable.
Se pasan los 9 km. del primer sector y comienza lo divertido.  Cojo la bici a la vez que Luis y Kaly. La zona de montar está cuesta arriba y Luis y yo, mucho más experimentados que Kaly, intentamos forzar la subida. Nos toca echar el pie a tierra mientras Kaly sube corriendo, se monta y desaparece. Nana, que andaba por allí, nos lanza unas alentadoras palabras: -¡Eventuales. Que parecéis nuevos. Los más burros. Y encima con el plato. No sé ni para qué vengo a veros!.  Desconcertado, me tranquilizo haciendo lo que mejor se me da: comer. Mientras monto me meto un gel, medio plátano, dos tragos de mejunje y se me cae el bote. Menos mal que Nana no lo ha visto. Comienzan los 56 kilómetros a cara de perro. Dos vueltas con el aire de cara al principio. En seguida adelanto a media docena de compañeros. Muchos de ellos tienen una visión diferente de la mía de lo que es el drafting. Ellos sólo consideran que están chupando rueda si una moto de juez se pone a su lado; así que se me pegan, aguantan allí como un martillo al sol y como el aire pega de cara no oyen la moto de los jueces que viene detrás. Pero eso sí, tienen ojos, y cuando ven la moto, se hacen a un lado y pegan un tirón que me hacen sentir culpable y parece que fuera yo el que disfruta del drafting. Para evitar problemas en el primer repecho hago un esfuerzo y consigo marcharme antes de llegar al giro. Ahora el aire pega a favor. Todo son unicornios y algodones de azúcar hasta iniciar la segunda vuelta. 
¡Joder! Ahora sí que sopla. Parece como si volviera a mi infancia y sacara la cara por la ventanilla del R6 de mi padre a sus buenos 80 km/h. Sigo adelantando participantes que van muy justitos. Aquí parece que el drafting ya no es tan interesante. No hay fuerzas para nada. El viento nos va dejar con lo puesto para acabar los 9 km de carrera a pie.


Llego al box y me quito mucha ropa para la carrera. Dejo hasta las gafas. Veo alguna bici en el suelo que la ha tirado el viento y a mi paso las vallas que limitan el box quieren hacer drafting conmigo. Me libro por apenas medio metro. Los jueces, en lugar de mandarlas al penalty box, dialogan con ellas y las levantan. Yo me voy y completo la primera vuelta con lo poco que me queda. Faltan 2 y los calambres me quieren presentar sus respetos. Comienza la guerra psicológica de “No dejes de correr--Anda sólo un poquito que no te ve nadie. Por delante llevo a dos a los que voy recortando y me obligo a no parar. Les paso y aparece el signo inequívoco de que ya solo queda sufrimiento. Ese signo no es otro que cruzarte con uno de tu equipo y no levantar la mirada. En este punto apareció un nuevo invitado: el hombre que nunca se rendía. Un tipo al que le encantaban estas crónicas. Sin saber de dónde salía su voz, oí cómo me decía: “-¡Qué pasa, mariquita!¿No vas a acabar?
Será capullo. No me va a dejar andar. Tiene narices, lo que menos le gustaba de este mundillo, la carrera, ahora resulta que se le da de miedo. Y, extenuado,  atravesé la meta con su ayuda, convencido de que, a pesar de todo, sigues haciendo tus duatlones.
Me fui a la carpa, sector donde me siento más cómodo, e hice una demostración de mi depurada técnica de avituallamiento. Caldos con la izquierda (2 vasos); plátano, galleta de chocolate, Powerade y botellín de agua con la derecha; en la entrepierna los guantes, la gorra y el dorsal; y en la boca la licencia mientras masticaba dos magdalenas y hablaba con un juez de un modo más o menos entendible, y guiñaba un ojo a Rubén que hizo segundo.
Al final conseguimos nuestro objetivo,  subir al cajón. Segundos por equipos de Castilla y León. Arriba, en  el podio, buscando a Kaly entre el público para que subiera con todos, con el trofeo en la mano me vinieron a la cabeza de nuevo esas palabras: “-Qué nadie te diga que no puedes ser una princesa”.



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