domingo, 9 de septiembre de 2018

Triatlón Relevos Mixto Pampliega

Un triatlón por relevos mixtos es una prueba en la que 4 triatletas forman un equipo en el cual reina la paridad de género. La prueba en sí, consiste en hacer un mini triatlón cada componente y dar el relevo al siguiente miembro del equipo para que éste complete de nuevo el recorrido. Y así los 4, al final sumamos el tiempo total y si quedan entre los 3 primeros les dan una pasta. No mucho, pero una pasta. 

Las distancias son tan cortas que esto hace que se vaya a tope desde que te pones el chip en el tobillo y que cuando montes en la bici se te haya esfumado la posibilidad de pillar pasta. 

Para presentaros a mis compañeros de equipo os diré, aunque no tenga mucho que ver, que soy un aficionado de los dulces. Siempre he creído que los abisinios alimentan el alma y que el tiramiSU SANA el espíritu. A mi pastelero de confianza le tengo los sábados y domingos loco con mis pedidos, pero durante la semANA RÍE LO suficiente para considerarse un hombre feliz, tanto, que pienso, que además de mucho dinero le DI EGO, mucho ego, durante estos últimos años. 

Nos reunimos en el puente de Pampliega una hora antes de la prueba. Y, como si fuéramos los miembros de una serie de superhéroes japonesa, haciendo un círculo y poniendo una mano en el centro Ana inició el ritual: 
-Yo pondré la técnica de mi natación.
-Pues yo la potencia de mi demoledora pedalada-ofreció Susana. 
En un tono más poético Diego exhortaba: -Pluguiera a los dioses admirar la velocidad de mi zancada. 
Yo, con la mano derecha sobre la del resto, sin saber qué ofrecer al equipo, tiré de tarifa plana: 
- ¡Vive dios y que caiga la cúpula celeste sobre nuestras cabezas, si no pongo al servicio del equipo mis megas. 
-¿Tus megas?-Preguntaron todos a una. 
- Coño, habrá que colgarlo en el Facebook. 



La zona donde se deja el material ha de tener una organización y una planificación muy compleja, fruto de no poca reflexión, para que los triatletas no se entorpezcan entre sí.  Para ello, se hacen los pasillos de compensación, los cuales evitan que el que sale con la bici atropelle al que viene de nadar, pero también provocan que los pobres triatletas se vuelvan locos analizando cómo tienen que hacer las transiciones: entras por el pasillo A, sales con la bici por el de tierra, entras con la bici por el de la moqueta azul y sales a correr por el C, pero antes debes tomar el pasillo de compensación para no arrollar a los últimos.  Conozco un triatleta que de tanto  estudiar los interiores de los boxes del IM de Niza (3000 participantes), se ha sacado un doctorado en crear Mercadonas. 

Con el mapa conseguimos salir del box, no sin antes poner una geolocalización en la bici, y nos fuimos a la salida. Allí Susana comenzaba la prueba en las gélidas aguas del Arlanzón. Fue meterse las primeras relevistas en el agua y comenzar a sonar una sintonía de Uy! Ay! Ah! Ahtití! que por un momento pensé en pirañas o en un intento de sacrificio colectivo. El resto de equipo hablábamos sobre la posibilidad de realizar el sector de natación en unas termas. 

Su, dio paso a Diego que previamente se había mojado el cuerpo como las abuelas en Benidorm. Debió de darle resultado porque no se oyó ninguna exclamación al zambullirse. En menos de 30’ apareció de nuevo entregando el chip a Ana. Ya solo quedaba yo. Tomé nota de la forma de proceder de Diego y mojé mis pies en el Arlanzón y con las manos salpicaba mi torso poniendo buena cara aunque por dentro recordaba todos los exabruptos que he aprendido a lo largo de mi vida y me preguntaba por qué. ¿Por qué me tengo que meter ahí dentro pudiendo estar en casa, tranquilo, forrando los libros del crío con una birra y unos cacahuetes?

Llegó Ana con la cara desencajada y ofreciéndome el chip. Estuve a punto de hacer como que se me caía al río y excusarme para evitar el chapuzón pero en un arrebato de locura transitoria incluso me tiré de cabeza. Tras medio segundo en el agua me vino a la mente una palabra: criogénesis. ¡Anda! ¡Qué si despierto dentro de 20 años y veo a Pablo Iglesias con una casa de 600.000 pavos y con gemelos! 



Pero la criogenización duró solo lo suficiente para perder tres puestos. 
Uno lo recuperé en los pasillos de compensación utilizando una de mis argucias: llevar directamente las zapatillas de correr en la bici usando pedales con punteras. 

En la bici fui fenomenal. Y antes de hacer el giro alcancé a otro rival. La fortuna hizo que justo en el adelantamiento topáramos con un tractor que me obligó a aminorar mucho la marcha y cuando me quise dar cuenta el rival iba plácidamente a mi rueda. Como yo era el último relevista y no veía a nadie en la lejanía a quien dar caza fui dejándome llevar para ver si el de atrás me daba un relevo. Bajé de 38 a 36; de 36 a 34; de 34 a 32; así hasta parar, pero nada, el rival se ocultaba detrás mío y hacía como que no existía. Yo me temía que al llegar a la transición echara a correr como alma que lleva el diablo y me dejara atrás. Así que decidí terminar la bicicleta de una forma plácida y sacudir con todo en la carrera. Le podría haber bajado 1 minuto a mi tiempo pero quizás esto me hubiera llevado a perder un puesto.  Apenas nos bajamos de las bicis y con éstas en la mano, el muy traidor me adelantó, pero, al llegar a un paso estrecho, de esos que en las películas solo hay espacio para un coche, me la jugué y tiré duro, consiguiendo que se estrellara contra el muro, hice una transición relámpago y al final conseguí sacarle 30 segundos. 



Era un joven triatleta, imagino que de las escuelas de triatlón, con una insultante juventud. A estos chavales da gusto verles cómo competen. Nadan perfecto, van a rueda perfecto y corren perfecto. Las escuelas están haciendo un buen trabajo. Por ponerles un pero, diría que fallan en una materia y ésta no es otra que la de los relevos. Se oye comentar por el box que la federación ha fichado a un profesor huido de una antigua república soviética. Debe ser éste el que da la materia del drafting. Con su enorme mostacho, tras el que se esconde un semblante despiadado, saca de la cabeza a los jóvenes alumnos las ganas de dar relevos para progresar en su carrera bajo la firme amenaza de una prolongada estancia en uno de sus secretos gulags. Y así, en las carreras, estos jóvenes, prefieren morir de inanición a dar un relevo.

Finalmente terminamos en undécima posición. Y como la temporada prácticamente está acabada os voy a dar un pequeño tutorial para guardar vuestros trajes de neopreno y que la temporada que viene estén perfectos. 

Suelo utilizar una técnica extraída de la región italiana del Piamonte, hábiles plegadores de reconocida talla internacional en doblar las sábanas bajeras. Si estiramos el neopreno como si fuera una sábana y lo dividimos en cuatro esquinas plegamos la esquina 1 sobre la 3 y la 2 con la 4. Obtenemos lo que se denomina el plegado matriz. De los dos vértices resultantes hacemos una bisectriz y lo multiplicamos por un coeficiente según el material de la prenda, lo adaptamos al índice de luz de la estancia y el resultado será más o menos un cajón de ropa de saldo de Zara después de las dos primeras horas de rebajas. A partir de ahí viene lo más fácil. Cogemos la prenda resultante, hacemos con ella una pelota como buenamente podamos, nos tranquilizamos haciendo profundas respiraciones, contamos 40 Misisipis y .... al armario. El año que viene... Dios dirá. 

Nada más, en nuestro próximo trinconsejo os enseñaremos a doblar el tritraje. Solo necesitaremos una tablilla, una superficie plana y 25 mg de Tranquimazin, 1 g de Valium y Xeroquel 400 mg. 

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